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lunes, 22 de agosto de 2016

El castillo de Tobaruela y La ciudad de Castulo

Leyendas de Castillos. Leyendas Medievales.


El castillo de Tobaruela 

y La ciudad de Castulo




Corría el año 1475, cuando D. Alonso Sánchez Carvajal, señor de Tobaruela, se decidió a construir un castillo para acabar definitivamente con las provocaciones y abusos de su vecino D. Juan Benavides.




El proyecto era muy fácil, ya que existían los restos de una vieja fortaleza, de origen árabe que no tenía mas que reconstruir.

El problema llegó cuando las obras fueron suspendidas por los Reyes Católicos, que pretendiendo acabar con los levantamientos y conflictos por parte de la nobleza, destruyeron muchos castillos y prohibieron la construcción de nuevas obras.

Las obras fueron suspendidas, pero D. Alonso, el señor de Tobaruela, de manera discreta, terminó la construcción del castillo, aprovechando la existencia de la vieja fortaleza.



A partir de entonces se mantuvo la sucesión del castillo y de la villa hasta el año 1872, en que desapareció la villa de Tobaruela, pasando a formar parte del municipio de Linares, ya que se encuentra a tan solo cinco kilómetros de la ciudad jienense.

Se trata de un castillo tardío donde se aprecia la evolución arquitectónica que este tipo de fortaleza sufrió a lo largo del siglo XV.
Pasó de ser una fortaleza plenamente militar, donde la Torre del Homenaje era a la vez elemento defensivo y residencial, a convertirse esta exclusivamente en elemento defensivo, mientras que la zona residencial comenzaba a articularse alrededor del patio central porticado.



Mas tarde la Torre de Homenaje fue reduciéndose, llegando incluso a desaparecer, utilizándose el espacio que ocupaba para mejorar la zona residencial.

El castillo es de planta rectangular, y en su día precedido en tres de sus frentes por antemuro y foso seco.

En el ángulo suroeste se localiza una torre bilobulada, organizada en tres plantas abovedadas.



Está situado a pocos kilómetros de la ciudad de Linares, en Jaén, y fue declarado Monumento Nacional en el año 1985.
Actualmente es de propiedad privada.




La ciudad de Cástulo



En este mismo lugar, muy cerca del castillo y del mismo Linares, a tan solo cinco kilometros de la ciudad, existió una importantísima ciudad íbera llamada Cástulo, (en latín Castŭlō, y en íbero Kastilo), era la capital de la Oretania, la región comercial mas importante del siglo VII a. C. , comprendía la parte suboriental de la Meseta (en torno a las ciudades actuales de Montiel, Valdepeñas y Almagro) y la zona oriental de Sierra Morena (en torno a las ciudades actuales de Linares, Úbeda/Baeza, La Carolina). 



Era la ciudad iberorromana conocida como Cástulo localizada en el Alto Guadalquivir, en las estribaciones de Sierra Morena.

Situada sobre una de las terrazas del margen derecho del río Guadalimar, donde se han encontrado vestigios del asentamiento en las laderas y en la meseta amurallada ubicada en los cerros de Plaza de Armas y de La Muela, desde donde controlaba visualmente toda la vega del río.

Estuvo ocupada desde finales del III milenio a. C. hasta el siglo XV, cuando se abandonó la ciudad.

Los orígenes del asentamiento se remontan al Neolítico Final, periodo en el que se desarrollaron sociedades aldeanas ligadas a una economía agraria incipiente (Cultura de los Silos).

Durante el II milenio a. C., en la Edad del Bronce Medio, Cástulo ya era una ciudad muy importante en la región de Sierra Morena, que contaba con una importante actividad minera y metalúrgica , debida a la explotación de grandes filones de cobre, plomo y plata que había en la zona.

Investigaciones recientes determinaron la importancia de la ciudad de Castulo como centro capital de la región desde un momento temprano, en el que se detectan contactos culturales con las comunidades metalúrgicas del sureste (cultura argárica), a la vez que se producen cambios importantes en la organización social, relacionados con la especialización de la actividad minera.



El Bronce Final está bien documentado en el territorio de Cástulo, a través del poblado de La Muela.

Éste se extiende desde la ladera suroriental del cerro del mismo nombre hasta la margen derecha del río Guadalimar, y constituye un espacio abierto al río donde está localizado el denominado templo-palacio de La Muela, una edificación datada entre los siglos VIII-VI a. C. que podría identificarse con un palacio aristocrático.



Esta etapa del Bronce Final muestra a Cástulo como un centro avanzado de la cultura tartésica, donde confluían los intereses mineros griegos y fenicios en el Alto Guadalquivir.

La quiebra de estas relaciones con el Bajo Guadalquivir en el siglo VI a. C., junto con la introducción de la tecnología del hierro frente a la del bronce, origina la aparición de la cultura ibérica regional.



En los siglos VII y VI a. C. surge una aristocracia local que, una vez consolidada, cambió los patrones de asentamiento y los modelos urbanos.

La población de La Muela se trasladó a la cima del cerro homónimo, dando origen al emplazamiento histórico de la ciudad, surgiendo el oppidum de Cástulo, un recinto amurallado adaptado a los contornos de la meseta.

Las murallas tal y como las vemos hoy fueron remodeladas posteriormente a la etapa íbera.

Era el principal núcleo de población de la Oretania, siendo el oppidum indígena más extenso de la Península, contando con ceca donde acuñaba moneda propia.



Existen varios testimonios clásicos que hacen referencia a la ciudad y a sus ilustres personajes que protagonizaron la historia de Cástulo.

Durante la Segunda Guerra Púnica formó alianza con Cartago, al formalizar el matrimonio de Aníbal con la princesa indígena Himilce.

Las relaciones con Cartago se rompen en el momento en que la aristocracia local suscribe un pacto con Escipión, en representación de la República romana, en los últimos años del siglo III a. C. 

Desde entonces, la ciudad adquiere la condición de libre e inmune, pudiendo mantener las instituciones de gobierno tradicionales a cambio de la admisión de una guarnición romana, y de la eventual aportación de tropas.
Comienza aquí el proceso de romanización de la ciudad, que culmina probablemente en época imperial, cuando Cástulo se convierte en municipio de derecho latino.

Un hallazgo destacable es este conjunto de fragmentos de vidrio tallado, pertenecientes a una patena del siglo IV que muestra una de las primeras representaciones de Cristo.


Realizada en vidrio de tonalidad verdosa, muestra mediante la técnica del esgrafiado a un Jesús imberbe y de cabello rizado al estilo alejandrino, que sostiene una cruz gemada en la diestra y las Sagradas Escrituras en la izquierda, y que está flanqueado por dos apóstoles, posiblemente Pedro y Pablo.


La escena se enmarca entre dos palmeras, una alegoría tradicional del más allá en la iconografía cristiana; también aparecen un crismón y las letras alfa y omega.

Ya en el periodo islámico el cerro de La Muela comienza a abandonarse.
Sólo se conocen restos aislados de un núcleo de población en el cerro de Plaza de Armas, donde se erige una fortaleza, el denominado castillo de Santa Eufemia.


Restos del castillo de Santa Eufemia.

Sólo se conserva visible la torre central de la fortaleza, de planta rectangular y construida en argamasa, así como algunos fragmentos del lienzo de la muralla exterior, del que se conservan los restos de seis torres.

En el siglo XIII Cástulo fue conquistada por Fernando III el Santo durante la campaña de Baeza, pasando a formar parte del concejo de esta ciudad, hasta que a mediados del siglo XIV pasó a la jurisdicción de Linares.

Durante el siglo XV se procedió a la demolición de las defensas del castillo de Santa Eufemia y de los restos de edificios que aún quedaban en pie para que no sirvieran como refugio de bandidos y salteadores de caminos, y se hicieron dos intentos fallidos por repoblar el lugar, que quedó definitivamente abandonado.


La leyenda de Himilce



Era el siglo III a. C. , cuando murió el general Asdrúbal, fundador de Qart Hadast,(Cartagena), y su sobrino, Anibal fue entonces nombrado estratega de las tropas carthaginesas. 

Los líderes de las distintas tribus, asentadas en el sur de la península, acudieron a a Mucro, rey de Cástulo, solicitando su protección.  

Temían que con el nombramiento del nuevo líder carthaginés, Anibal, la época de paz que disfrutaron con Asdrúbal tocara a su fin, viviendo otra vez un período de conquista y pillaje.

Mientras debatían reunidos los jefes de las tribus y con el monarca, se presentó el propio Aníbal ante las puertas del palacio pidiendo audiencia a Mucro.

Cuando el rey y los demás jefes de las tribus le expresaron sus inquietudes, el joven general púnico se mostró ofendido, ya que habían firmado un tratado con Asdrúbal y su intención era respetarlo, no iba a ser quien rompiese los términos del acuerdo suscrito con su tío. 

Para ratificar la paz y evitar un enfrentamiento con los carthagineses, se estableció un acuerdo diplomático con la hija de Mucro, la princesa Himilce, para sellar alianzas contraería matrimonio con Anibal esa misma primavera, del año 220 a C. en el templo de Tanit en Qart Hadasht (Cartagena). 
El poeta Silio Itálico en su Púnica (Lib. III) narró la boda Himilce con Aníbal. 

Hay quien dice que surgió un verdadero amor entre el general y la princesa. 
Ya que según las fuentes latinas, Himilce siempre quería acompañarlo en sus campañas e intentaba evitar batallas y enfrentamientos.
Tuvieron un hijo, Aspar. 
Pero surgió un grave conflicto con el Imperio Romano, y Anibal tuvo que declarar la guerra.

Himilce, ante lo inevitable, quiso acompañarle en su campaña militar, pero Aníbal se negó tajante.

Según el poeta Silio Italico narró así la despedida:

“¿A mí me impides acompañarte, olvidado de que mi vida depende de la tuya? ¿En tan poco estimaré el matrimonio y la cesión de mi virginidad, como para fallarte en subir contigo montañas? ¡Confía en la hombría femenina! No hay fuerza que supere al amor conyugal.
Pero si sólo soy juzgada por mi sexo, y has resuelto despedirme, me avengo y no interpongo demora al destino. Que la divinidad te asista, hago votos. Marcha con buen pie, marcha con el favor de los dioses y conforme a tus deseos, y en la batalla, en el sangriento combate, acuérdate de mantener vivo el recuerdo de tu esposa y de tu hijo.”

(Púnicas III 109-127)


Nunca mas volvieron a encontrarse Himilce y Anibal.

Himilce quedó en Qart Hadasht, ciudad en la que se supone que múrió seguramente a causa de una epidemia. 

Fue enterrada en Cástulo, donde le erigieron una estatua funeraria, la que probablemente hoy se erige en la plaza del Populo de Baeza.

Tras una serie de derrotas de Anibal, los íberos de Castulo dejaron de tener relaciones con Cartago y se aliaron con Roma.