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martes, 23 de agosto de 2016

El Castillo de Villafuerte y José Zorrilla

Leyendas de Castillos. Leyendas Medievales.


El Castillo de Villafuerte de Esgueva





Ubicado en la Provincia de Valladolid , Castilla y León, España
Se encuentra en un altozano que domina el cercano valle del río Esgueva.

Garci Franco de Toledo, noble descendiente de judíos toledanos conversos, hereda la villa de su padre y manda construir en 1474, el castillo señorial que blasona con su escudo y el de su mujer, María de Sarabia. 

Imitará a la construcción del castillo de Portillo, del conde de Benavente, a cuyo bando pertenece.



La costosa obra y las duras obligaciones económicas que sometían a los habitantes de Villafuerte, les enfrentaron con Garci Franco en un largo pleito que cuestionaba la legitimidad de su señorío. 

Tras su muerte (1486), su esposa lega a su hijo Antonio Franco las propiedades en Villafuerte y en Valladolid, pero los problemas económicos se agudizan y la fortaleza queda inconclusa.



En 1515 el heredero de Antonio Franco fue encarcelado y sus bienes confiscados. Cuando es puesto en libertad encabeza una revuelta en Valladolid contra el Cardenal Cisneros por lo que será desterrado, refugiándose en Villafuerte donde reafirma su condición de señor y coloca su escudo en lo alto de la torre del homenaje.


El de Villafuerte es un típico castillo señorial que sigue el patrón de la Escuela de Valladolid.




Es de planta cuadrada con torres redondas en tres de sus esquinas y una gran torre del homenaje ocupando la cuarta, adornada con torrecillas semicirculares. 

Se halla rodeado por una barrera de menor altura.
Este tipo de fortalezas tenían una capacidad defensiva limitada: su eficacia frente a las armas de fuego bastante desarrolladas en la época, era escasa, pero sí eran útiles frente a los frecuentes desórdenes sociales y las luchas de poder, además de resultar edificios representativos, símbolos evidentes del poder señorial.

El castillo, algunas de cuyas dependencias permanecieron habitadas hasta el siglo XX, es adquirido en 1983 por la Asociación de Amigos de los Castillos





 Durante la edad media, la localidad contó con murallas que rodeaban el caserío, de importancia estratégica por su control de las rutas que seguían el río.

La primera mención en documentos de la población es de 1192 y en 1214 se menciona al maestre de la orden de Calatrava como señor de la mitad de ella.




Su estilo, de la Escuela de Valladolid, es más residencial que militar.
La torre del homenaje consta de cinco plantas a las que se accede por una escalera de caracol, dos de ellas con bóvedas de piedra tallada.

Tanto en la entrada del patio de armas como en lo alto de la torres se hallan los escudos de los propietarios de la fortaleza.



Cabe destacar la Iglesia de Villafuerte, de origen románico del siglo XII, recibió un coro y cubierta mudéjares en el siglo XVI.

De su importante artesonado mudéjar solo quedan algunos elementos.
El coro aún se conserva en el templo, pero de su origen románico solo se conservan el ábside y la portada.


En estas tierras nació el famoso poeta

José Zorrilla y Moral




Nacido en Valladolid el 21 de febrero de 1817, hijo de doña Nicomedes Moral y de don José Zorrilla Caballero, Relator de la Cancillería, absolutista ferviente en tiempos de Fernando VII

El poeta mantuvo con sus padres una relación tan complicada como difícil que afectó notablemente su vida y que se reflejó siempre en sus escritos.

Estudió en el Seminario de Nobles, y allí comenzó a leer a Chateaubriand, a Fenimore Cooper y a Walter Scott, y a escribir sus primeros versos. 

Pasó después a Toledo (1833) y a Valladolid (1834), en cuyas universidades hizo estudios de Derecho por dos años al cabo de los cuales en busca de una vida más libre, y a escondidas de sus padres, en el verano de 1836 llegó a Madrid, donde conoció a Espronceda.


A juzgar por lo que cuenta en los Recuerdos del tiempo viejo, Zorrilla pasó una temporada de estrecheces, de bohemia y de ilusiones, en la que no faltaron sobresaltos y aventuras. 

En febrero de 1837 se suicidó Larra; su popularidad, la importancia de sus obras y el prestigio que tuvo en la escena literaria hicieron de su entierro una ceremonia memorable y emocionante. Asistieron, de riguroso luto, todos los artistas y literatos de Madrid, quienes, en el cementerio de Fuencarral y frente al féretro, despidieron con versos al desventurado «Fígaro». 
Los de Zorrilla impresionaron de tal manera que, al salir del camposanto, el joven poeta era festejado por todos y comenzó desde entonces una carrera vertiginosa. 

En aquel mismo año apareció su primer tomo de Poesías y entre aquella fecha y 1850 dio a la imprenta la mayoría de sus mejores obras, como El zapatero y el rey y Cantos del Trovador en 1840, El puñal del godo y El caballo del rey don Sancho en 1843, Don Juan Tenorio en 1844, y Traidor, inconfeso y mártir en 1847.



Sin embargo, su padre, a la sazón desterrado por su ideología carlista, no perdonó jamás a su hijo el haber abandonado los estudios y acogió con desdén sus triunfos literarios a pesar de los esfuerzos del joven para reconciliarse con él. 

Zorrilla acabó de indisponerse con la familia al contraer matrimonio, a los veintidós años, con doña Florentina O'Reilly, viuda y dieciséis años mayor que él. Los celos de ésta le hicieron abandonar el teatro y después España para buscar una vida más sosegada en Francia (1850) y luego en México a partir de 1855. 

Allí contó con la amistad del Emperador Maximiliano, quien le nombró director del Teatro Nacional, pero mientras Zorrilla estaba en España, Benito Juárez derrotó a los imperiales y puso fin a la vida de Maximiliano y a su efímero reinado.



Aunque los gustos literarios en España habían cambiado durante su ausencia, Zorrilla fue recibido con entusiasmo a su regreso. 

Doña Florentina había fallecido y el poeta se casó con doña Juana Pacheco, una joven de gran belleza. 

Comienza así su segundo periodo español, que abarca desde 1869 hasta 1893, casi un cuarto de siglo, en el que habría de experimentar con frecuencia los halagos del éxito y, con más frecuencia todavía, los apuros económicos a pesar de su triunfal recepción en la Real Academia Española (1885) y la coronación solemne como poeta nacional en Granada en 1889.

La sinceridad y la falta de interés en el juego político y su negativa a pretender favores hicieron de Zorrilla, al correr de los años, objeto de la caridad nacional mientras los demás escritores ocupaban cargos públicos. 



Obligado por las circunstancias hubo de malvender obras que enriquecieron a las empresas, confió en editores que abusaron de su candidez, se vio forzado a dar lecturas públicas en serie e incluso a empeñar alguna corona de oro con la que premiaron su genio. 

Y el Madrid Cómico del 25 de julio de 1880 publicó una caricatura del poeta que llevaba al pie los siguientes versos:

¡Cual triunfan esos seres
que me hacen cucamonas
y editan mis romances,
y octavas y cuartetas!
Son para mí el aplauso,
los lauros, las coronas...
¡Para ellos las pesetas!


Fuentes.-

http://www.cervantesvirtual.com/
http://www.provinciadevalladolid.com/