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miércoles, 3 de agosto de 2016

El palacio Ducal de Pastrana y La princesa de Eboli

Leyendas de Castillos. Leyendas Medievales.


El palacio Ducal de Pastrana






Se trata de un palacio renacentista proyectado en el siglo XVI por Alonso de Covarrubias, situado en Pastrana (Guadalajara, Castilla-La Mancha, España).

Pastrana es la capital de la comarca de la Alcarria y fue una ciudad muy importante entre los siglos XVI y XVII.

Fue declarado Monumento Nacional en 1941 y, en 1966, Conjunto Histórico-Artístico.

El palacio Ducal es de planta cuadrada con torres a la esquinas y patio central.
El palacio también cuenta con un jardín escalonado en la parte posterior del mismo.



Por diversos motivos legales, el palacio nunca se finalizó.
La fachada del palacio es de sillería, con muy pocos ornamentos.
En el centro, de la fachada principal de estilo renacentista se puede leer la leyenda "De Mendoza y de La Cerda".

En el interior, se conservan artesonados, de estilo plateresco.
Los zócalos de azulejería toledana de estilo mudéjar y los muebles chinos del siglo XIX decoran la parte baja del edificio, y los tapices del artista Cienfuegos adornan sus paredes.



En 1541, se compró la villa de Pastrana por Ana de la Cerda y Castro, abuela de la Princesa de Éboli.
En 1581 la Princesa de Éboli fue encerrada en su palacio, donde murió atendida por su hija menor.

Este palacio, también, fue el lugar de alumbramiento de María Ana de Austria, hija de María de Mendoza y Juan de Austria.
En 1997, la Universidad de Alcalá adquirió, restauró y finalizó el palacio a cargo de los arquitectos Carlos Clemente y Antonio Fernández Alba.

La princesa de Eboli





Ana de Mendoza de la Cerda y de Silva Cifuentes, mas conocida como la princesa de Éboli,  nació en 1540 en Cifuentes.

De noble cuna, heredó los títulos de II duquesa de Francavilla, II princesa de Mélito, II condesa de Aliano y II marquesa de Algecilla , y al casarse con Ruy Gómez de Silva, se convirtió en princesa de Éboli, marquesa de Diano, duquesa de Estremera y duquesa de Pastrana.

Ana de Mendoza pertenecía a una de las familias castellanas más poderosas de su época: la casa de Mendoza.
Hija única del matrimonio entre Diego Hurtado de Mendoza y de la Cerda, virrey de Aragón, y María Catalina de Silva y Toledo, se casó a la edad de doce años con Ruy Gómez de Silva, por recomendación del príncipe Felipe, futuro Felipe II; su marido era príncipe de Éboli , en el Reino de Nápoles, y además ministro del rey.



Los compromisos de Ruy motivaron su presencia en Inglaterra, por lo que en los cinco primeros años de matrimonio apenas estuvieron tres meses los cónyuges juntos.

Fue una de las mujeres de más talento de su época, y se la consideró como una de las damas más hermosas de la corte española.
Entre las teorías sobre la causa de la pérdida de su ojo derecho, la más respaldada es la que asegura que la princesa fue dañada por la punta de un florete manejado por un paje durante su infancia.

Pero este dato no es claro; quizá no fuese tuerta sino estrábica, aunque hay pocos datos que mencionen dicho defecto físico.
En cualquier caso, su defecto no restaba belleza a su rostro; su carácter altivo y su amor por el lujo se convirtieron en su mejor etiqueta de presentación, ejerciendo una gran influencia en la corte.



Durante el periodo que duró su matrimonio la vida de Ana fue estable tranquila, concibiendo hasta diez hijos, aunque no todos llegaron a la edad adulta.

Tuvo varios enfrentamientos con Teresa de Jesús.
Solicitó junto con su marido dos conventos de carmelitas para Pastrana.
Pero el proyecto no se desarrollaba como ella esperaba, lo que provocó continuos enfrentamientos  y numerosos conflictos con monjas, frailes, y sobre todo con Teresa de Jesús, fundadora de las carmelitas descalzas, ya que quería que se construyesen según sus dictados y sus gustos, lo que entorpecía continuamente el trabajo.



Ruy Gómez de Silva puso paz mientras pudo, pero cuando éste murió volvieron los problemas, ya que la princesa quiso entonces hacerse monja y que todas sus criadas también lo fueran.

Le fue concedido a regañadientes por Teresa de Jesús y se la ubicó en una celda austera.
Pronto se cansó de la celda y se fue a una casa en el huerto del convento con sus criadas.
Allí tendría armarios para guardar vestidos y joyas, además de tener comunicación directa con la calle y poder salir a voluntad.

Ante esto, por mandato de Teresa, todas las monjas se fueron del convento y abandonaron Pastrana, dejando sola a Ana.
Ésta volvió de nuevo a su palacio de Madrid, no sin antes publicar una biografía tergiversada de Teresa, lo que produjo el alzamiento de escándalo de la Inquisición, que prohibió la obra durante diez años.


Tras la repentina muerte de Ruy Gómez de Silva en 1573, Ana se vio obligada a manejar su amplio patrimonio lo que marcaría el resto de su vida con una existencia problemática. 

Gracias a sus influyentes apellidos consiguió una posición desahogada para sus hijos.
A su hija mayor, Ana, la casó con Alonso Pérez de Guzmán el Bueno y Zúñiga, VII duque de Medina Sidonia; Rodrigo, su segundo hijo , heredaría el ducado de Pastrana; Diego sería duque de Francavilla, virrey de Portugal y marqués de Allenquer. Su hijo Fernando, ante la posibilidad de llegar a cardenal, le hicieron entrar en religión, pero escogió ser franciscano y cambió su nombre por el de Fray Pedro González de Mendoza (como su tatarabuelo el Gran Cardenal Mendoza), y llegaría a ser arzobispo.



Debido a su alta posición, mantenía relaciones cercanas con el entonces príncipe y luego rey Felipe II, lo que animó a que circularan ciertos rumores sobre su posible relación como amante del rey, principalmente durante el matrimonio de éste con la joven Isabel de Valois, de la cual fue amiga.

Lo que sí parece seguro es que, una vez viuda (1573) sostuvo relaciones con Antonio Pérez, secretario del rey.
Antonio tenía la misma edad que ella y no se sabe realmente si lo suyo fue simplemente una cuestión de amor, de política o de búsqueda de un apoyo que le faltaba desde que muriera su marido.

Estas relaciones fueron descubiertas por Juan de Escobedo, secretario de Juan de Austria (hijo natural del rey Carlos I), quien además mantenía contactos con los rebeldes holandeses.

Antonio Pérez, temeroso de que se revelase su secreto, denunció a Escobedo de graves manejos políticos ante el rey.
Días mas tarde Escobedo aparecía muerto a estocadas, lo que causó una gran conmoción en la opinión pública que no dudó en acusar de asesino a Pérez.
Curiosamente el rey no dispuso su detención hasta pasado un año.



Los motivos de la intriga que llevaron al asesinato de Escobedo y a la caída de la princesa, nunca se aclararon. 

Parece probable, que aparte de la posible revelación de su relación amorosa, existieran otros motivos, como una intriga contra D. Juan de Austria y su intento de matrimonio con María Estuardo , o una compleja trama de ambos acerca de la sucesión al trono vacante de Portugal.

Tampoco quedó claro la cruel actitud de Felipe II para con Ana, aunque su fama era bien conocida y sus aventuras y amoríos eran la comidilla del pueblo, quien le apodaba "El Prudente". (La casa de las siete chimeneas)

La princesa por su parte le llamaba "primo" en sus cartas y le pedía en una de ellas "que la protegiese como caballero".

Felipe II se referiría a ella como "la hembra", pero mientras su actitud era dura y desproporcionada, siempre protegió y cuidó de los hijos de ésta y su antiguo amigo Ruy, nombrando un administrador para sus bienes, hasta que más adelante pudo hacerse cargo de las cuentas su hijo Fray Pedro.

La princesa fue encerrada por Felipe II en 1579, primero en el Torreón de Pinto, luego en la fortaleza de Santorcaz, y por último trasladada en 1581 a su Palacio Ducal de Pastrana, donde morirá atendida por su hija menor Ana de Silva , y tres criadas.
Fue privada de la tutela de sus hijos y de la administración de sus bienes.

Es muy conocido en dicho palacio el balcón enrejado que da a la plaza de la Hora, donde se asomaba la princesa , ya que tras la fuga de Antonio Pérez hacia Aragón en 1590, Felipe II mandó poner rejas en todas las puertas y ventanas del Palacio Ducal.



Falleció en dicha localidad en 1592. 
Ana y Ruy están enterrados juntos en la Colegiata de Pastrana.