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viernes, 2 de septiembre de 2016

Alcázar de Segovia y Alfonso VIII de Castilla

Leyendas de Castillos. Leyendas Medievales.


El Alcázar de Segovia





Es uno de los monumentos más destacados de la ciudad de Segovia (Castilla y León, España).

Se alza sobre un cerro en la confluencia de los ríos Eresma y Clamores.
Es uno de los castillos-palacio más distintivos en España y toda Europa por su original forma de proa de barco.

El Alcázar fue construido originalmente como una fortaleza por el rey Bereber Alí ibn Yúsuf en el siglo XII, pero ha servido como palacio real, prisión, centro de artillería y academia militar desde entonces.
Actualmente se utiliza como museo.



Los restos más antiguos hallados en el lugar son unos sillares de granito similares a los del acueducto romano, lo que hace suponer que en tiempos de la dominación romana de la ciudad ya tubo de haber un castro o fortificación, sobre cuyos restos de éste, fue erigido el alcazar.

La primera noticia documental que se conserva del edificio data del año 1122, poco después de que Alfonso VI de León reconquistase la ciudad, aunque no es hasta 1155 cuando aparece citado con la denominación de alcázar, en una carta del archivo de la catedral.

Fue residencia del rey Alfonso VIII. 
En 1258, reinando Alfonso X, se hundió el palacio cuando el rey se encontraba en su interior.
Este núcleo más antiguo corresponde con la sala de armas.



Fue numerosas veces restaurado y ampliado, desde los tiempos de Alfonso X, el sabio y hasta Felipe II.
A este último se debe su aspecto actual, único entre los castillos españoles.

En la Edad Media, por su seguridad y por la proximidad a las zonas de caza, el Alcázar se convirtió en una de las residencias favoritas de los Reyes de Castilla, en especial de Alfonso X.



Fue habitado muchas veces y llegó a ser uno de los más suntuosos castillos-palacios del siglo XV, siendo testigo mudo de acontecimientos claves de la Historia de España.

La fortaleza sirvió posteriormente como prisión de Estado hasta que en 1762 Carlos III fundó allí, el Real Colegio de Artillería.

En 1862, un incendio destruyó las suntuosas techumbres de las salas nobles, que pudieron ser reconstruidas fielmente con posterioridad.




En 1931 fue declarado monumento histórico artístico.

El castillo se divide en dos zonas: una exterior, con un patio herreriano, foso, puente levadizo y la torre del homenaje, cuadrada con cuatro torreones, estancia cubierta de cañón apuntado y ventanales geminados. Se levantó cuando reinaba Juan II y era la sala de armas. Culmina con una gran terraza panorámica.



En la zona del interior, hay una capilla y varias salas nobles, como sala del Trono, de la Galera, de las Piñas, de los Reyes, entre otras, están decorados con gran lujo y belleza por pintores y artistas mudéjares.
Actualmente, alberga un Museo de Armas y el Archivo General Militar de Segovia, el archivo histórico más antiguo de las Fuerzas Armadas de España.

El alcazar tiene una planta muy irregular que se adapta al terreno donde se levanta.




Tiene cuatro plantas a las que se acceden por dos escaleras que hay que salvar para llegar arriba, la mayor parte es una escalera de caracol bastante estrecha e inclinada.
Su uso más habitual fue como prisión y era casi imposible escapar de allí.
Sus inquilinos solían ser personajes de alta condición, por lo que disfrutaban de ciertas comodidades en sus celdas tales como tapices, alfombras y mobiliario.




En la sala de los tronos, situados bajo un dosel con el blasón de los Reyes Católicos aparece la divisa "Tanto monta", una obra de principios de siglo.

En las paredes se encuentran los retratos de los mismos reyes, que forman parte de la iconografía de reyes encargada por la reina Isabel II.

El retrato de la reina Isabel está firmado por Madrazo y el de don Fernando por Montañés.



La sala de la Galera, se llama así por el antiguo artesonado que tenía la forma de casco de barco invertido.
Fue construida por la reina Catalina de Lancáster en 1412, durante la minoría de su hijo Juan II de Castilla.
El friso es mudéjar de yeserías.



En los ventanales se encuentran dos vidrieras que representan una a Enrique III de Castilla y su familia y la otra a Enrique II con escenas de la muerte de Pedro I y Juan II.






Alfonso VIII de Castilla







El alcázar de Segovia fue la residencia de Alfonso VIII de Castilla, llamado «el de Las Navas» o «el Noble» , nació en Soria, 11 de noviembre de 1155 y fue nombrado rey de Castilla en 1158, con tan solo tres años de edad.

Por parte de padre era descendiente de los reyes de la Casa de Borgoña y del Condado de Barcelona, y por parte de madre, de los reyes de Pamplona y de Rodrigo Díaz de Vivar.

Hijo de Sancho III «el Deseado», rey de Castilla, y de Blanca Garcés de Pamplona, a la muerte de su padre sólo contaba con tres años de edad, por lo que se designó como tutor a Gutierre Fernández de Castro y como regente a Manrique Pérez de Lara, para equilibrar a las dos poderosas familias Castro y Lara.




Pero entre ellas se originó una sangrienta rivalidad.
Los Lara lograron apoderarse del joven rey al que trasladaron a Haza, dentro de su zona de influencia, que desencadenó una guerra civil y un período de incertidumbre que fue aprovechado por los reinos vecinos y así, en 1159, el rey navarro Sancho VI se apoderó de Logroño y de amplias zonas de La Rioja, mientras que el tío del joven Alfonso, el rey leonés Fernando II, se apoderó de la ciudad de Burgos.

En 1160, Nuño Pérez de Lara y su ejercito, fueron derrotados por los miembros de la Casa de Castro, dirigidos por Fernándo Rodríguez de Castro el Castellano, en la Batalla de Lobregal, librada en las cercanías de la localidad de Villabrágima, en la provincia de Valladolid.

La proximidad del ejercito de Fernando II, aliado de los Castro, al lugar donde los Lara custodiaban a Alfonso VIII hace que éstos le trasladen rápidamente a Soria donde permanecerá hasta 1162.
Pero Fernando II, ha ido conquistando tierras hasta hacerse con las ciudades de Segovia y Toledo, por lo que los Lara deciden entregár al pequeño Alfonso a su tío.

Gracias a la intervención de un joven hidalgo, quien sacó al pequeño del palacio real, y lo puso a salvo poniéndolo bajo la custodia de las villas leales del norte de Castilla, primero en el castillo de San Esteban de Gormaz y después en Atienza y Ávila, ciudad que desde entonces recibe el título honorífico de «Ávila del Rey» o «Ávila de los Leales» por la defensa que hizo del joven monarca. 


Así mismo, la estancia de Alfonso en Atienza dio origen al nacimiento de la popular celebración de La Caballada, que se celebra todos los años en esta villa el Domingo de Pentecostés.

Al alcanzar la mayoría de edad en 1170, Alfonso VIII fue proclamado rey de Castilla en las Cortes que se convocaron en Burgos, tras lo cual se concertó su matrimonio con Leonor de Plantagenet, hija de Enrique II de Inglaterra y de Leonor de Aquitania, que aportó como dote el condado de Gascuña. 
Las bodas reales se celebraron en la ciudad aragonesa de Tarazona.

Su primer objetivo como monarca fue recuperar los territorios perdidos durante su minoría de edad, por lo que estableció una alianza con el rey Alfonso II el Casto y juntos, atacaron con sus ejércitos al navarro Sancho VI en 1173, logrando arrebatarle los territorios que éste había tomado durante su minoría de edad. 
Para celebrarlo, concertó el matrimonio de Alfonso II con su tía, Sancha de Castilla, reforzando sí su alianza.

Presionado por los ataques almohades, desde 1174 tuvo que ceder a las órdenes militares algunos territorios hasta entonces de realengo para su mejor protección, como las villas de Maqueda y Zorita de los Canes a la Orden de Calatrava, o la villa de Uclés a la Orden de Santiago, siendo desde entonces Uclés la casa principal de esta última orden militar. 


Desde esta plaza inicia una ofensiva contra los musulmanes, que culmina con la reconquista de Cuenca en 1177, el día 21 de septiembre, festividad de San Mateo, celebrada desde entonces por los conquenses.

La corte de Alfonso VIII, se convirtió en un importante punto de encuentro cultural, que acogería trovadores y sabios, especialmente por la influencia de su esposa gascona Leonor (hermana de Ricardo Corazón de León).



En 1179 firma con su aliado el rey aragonés el Tratado de Cazola, por el que ambos monarcas se reparten sobre el papel, ya que no tuvo resultados reales, los territorios del reino navarro.
Por este nuevo Tratado, el reino de Murcia –cuya conquista correspondía a Aragón– pasaba a Castilla y a cambio el rey aragonés Alfonso II se vio libre del vasallaje que debía a Alfonso VIII.

Tras fundar Plasencia en 1186, y con intención de unificar a la nobleza castellana, relanza la Reconquista, recuperando parte de La Rioja que estaba en manos navarras y reintegrándola a su reino. 

Establece una alianza con todos los reinos peninsulares cristianos, Portugal, León, Castilla, Navarra y Aragón, para proseguir ordenadamente conquistando las tierras ocupadas por los almohades.

En 1188 se reunió en Carrión de los Condes con su primo Alfonso IX, que acababa de suceder a su padre Fernando II como rey de León. 

Alfonso VIII firmó con él un pacto de buena voluntad, pero al darse cuenta de la debilidad del nuevo rey leonés, lo rompió e invadió León  haciéndose con varias poblaciones, entre las que destacan Valencia de Don Juan y Valderas.

Se inició entonces un período de hostilidades que finalizaría el 20 de abril de 1194 con la firma del Tratado de Tordehumos, en el que el rey castellano se comprometía a devolver los territorios conquistados y el leonés se comprometía a contraer matrimonio con la hija de Alfonso VIII, Berenguela y, si el leonés Alfonso IX moría sin descendencia, el reino de León pasaría a la corona de Castilla.

El acuerdo con el reino de León permite a Alfonso VIII romper la tregua que mantenía con los almohades desde 1190 e inicia incursiones que, de la mano del arzobispo de Toledo Martín López de Pisuerga, llegan hasta Sevilla.

El califa almohade Abu Yaqub Yusuf al-Mansur, que se encontraba en el norte de África, cruza el Estrecho de Gibraltar y desembarca en Tarifa al frente de un poderoso ejército con el que se dirige hacia tierras castellanas. 

Batalla Navas de Tolosa. Francisco de Paula Van Halen

Alfonso VIII recibe la noticia y reúne a su ejército en Toledo y aunque consiguió el apoyo de los reyes de León, Navarra y Aragón para hacer frente a la amenaza almohade, no espera la llegada de dichas tropas y se dirige hacia Alarcos, una ciudad fortaleza en construcción situada a pocos kilómetros de la actual Ciudad Real, junto al río Guadiana, donde el 19 de julio de 1195 sufre una estruendosa derrota que supuso una importante pérdida de territorio y la fijación de la nueva frontera entre Castilla y el Imperio almohade en los Montes de Toledo. 


Los almohades invadieron el valle del Tajo y asediaron Toledo, Madrid y Guadalajara en el verano de 1197.
Alfonso VIII se encontraba en una peligrosa situación con la posibilidad de perder Toledo y todo el valle del Tajo, por lo que el rey solicitó en 1211 al papa Inocencio III la predicación de una cruzada a la que no solo respondieron sus súbditos castellanos, sino también los Aragón con su rey, Pedro II el Católico, Navarra, dirigidos por Sancho VII el Fuerte, y las órdenes militares de Calatrava, del Temple, de Santiago y de Malta.
Además se unieron a la cruzada, los caballeros cruzados franceses, occitanos y de toda la Cristiandad.

Batalla de las Navas de Tolosa. Víctor Morelli


Con todos ellos y tras la recuperación de enclaves del valle del Guadiana (como el castillo de Calatrava),  alcanzó la esperada victoria sobre el califa almohade Miramamolín en la batalla de las Navas de Tolosa, librada el 16 de julio en las inmediaciones de Santa Elena (Provincia de Jaén). 

Un año más tarde, lograba lo propio en la plaza de Alcaraz, consolidando el poder castellano en toda la meseta manchega.

El rey Don Alfonso VIII falleció el 6 de octubre de 1214 en un pequeño pueblo en tierras de Arévalo.

Fue enterrado en el Monasterio de Santa María la Real de Las Huelgas en Burgos que él mismo había fundado.