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miércoles, 28 de septiembre de 2016

Castillo-palacio de Escalona y Don Juan Manuel

Leyendas de Castillos. Leyendas Medievales.



Castillo-palacio de Escalona





El castillo de Escalona está situado en la localidad toledana de Escalona, Castilla-La Mancha, España.

Se compone de la fortaleza propiamente dicha y de un extenso palacio mudéjar. Fue declarado monumento arquitectónico artístico en 1922.

Ubicado estratégicamente sobre una meseta que bordea el río Alberche entre Ávila y Toledo, fue decisivo como defensa contra los ataques de almorávides y almohades en 1131, 1137 y 1196.


Fue inicialmente una fortaleza romana, que posteriormente fue ocupada por los musulmanes.

En el siglo XI, el castillo fue tomado por el rey Alfonso VI de Castilla, poco antes de la caída de Toledo. Durante dicho reinado y los reinados siguientes, la zona de Escalona y su castillo soportaron los ataques de los musulmanes.

En 1281, Fernando III donó la fortaleza y la villa de Escalona a su hijo, Manuel de Castilla, hermano de Alfonso X.



En este castillo nació el poeta, escritor y literato Don Juan Manuel, hijo del infante Manuel de Castilla y nieto de Fernando III de Castilla.

Dicho castillo pasó a poder de Juana Manuel, hija de Don Juan Manuel de Castilla, que contrajo matrimonio con su pariente Enrique de Castilla,  futuro Enrique II, hermano de Pedro el Cruel e hijo de Alfonso XI.

En 1424, el rey Juan II (biznieto de Enrique II de Castilla y de Juana Manuel de Castilla), entregó la propiedad al caballero Álvaro de Luna, condestable de Castilla y tataranieto de Sancho Manuel de Castilla– señor del Infantado y de Carrión, que era hermano de Don Juan Manuel, príncipe de Villena. Álvaro de Luna, privado del rey Juan II de Castilla lo engrandeció y construyó el palacio, convirtiéndolo en el centro de sus posesiones. En él se realizaron grandes fiestas en honor del rey, que quedaron plasmadas en las crónicas de la época. Según un privilegio de Juan II de 1437, se estaba construyendo «la casa mejor que en España se fallaba».


Tras el arresto de Álvaro de Luna por orden regia, su mujer Juana Pimentel se encastilló en él junto a sus hijos Juan de Luna y Pimentel y María de Luna y Pimentel. El rey acudió a sitiar la fortaleza donde se suponía que se custodiaban las grandes riquezas del antiguo privado regio.

Álvaro de Luna fue ajusticiado en Valladolid por orden regia, acusado de atentado contra la majestad del rey. 


Juana Pimentel, al conocer la ejecución de su marido, abandonó la resistencia y rindió el Castillo de Escalona a las tropas reales. 
A partir de este momento, y hasta su muerte, Juana firmaría todos sus documentos como «La Triste Condesa», mostrando así el lamento que le producía la ejecución de su marido.

Finalmente, el rey se avino a negociar con la viuda y le concedió poder mantener parte del patrimonio de su marido para su hijo, pero debiendo entregar la fortaleza y todo su contenido al rey.

Enrique IV (hijo de Juan II de Castilla y de María de Aragón), a la muerte de Álvaro de Luna, entregó la propiedad al caballero Juan Pacheco, marqués de Villena.

Durante el siglo XV, la localidad fue uno de los principales escenarios de los enfrentamientos internos en el reino castellano, el último de tales enfrentamientos permitió a Isabel de Castilla (hermana de Enrique IV e hija de Juan II) acceder el trono castellano con el nombre de Isabel I.

El palacio-fortaleza fue destruido por varios incendios, alguno ya en época de Álvaro de Luna. 

Durante la Guerra de la Independencia Española fue incendiado por las tropas francesas.
Hoy día está en ruinas aunque ha sido restaurado en parte.
Es de propiedad privada.


En este castillo nació ..

Don Juan Manuel

Nació en el año 1282.
Fue un escritor medieval castellano, hijo del infante don Manuel y sobrino de Alfonso X el Sabio, heredó el título de gobernador de Murcia, participando en muchas luchas políticas de su tiempo.

Juan Manuel se casó tres veces: con la infanta Isabel de Mallorca, con Constancia de Aragón y con Blanca, heredera de la casa de Lara, con lo que consiguió incrementar considerablemente su fortuna y su prestigio nobiliario.
Posteriores problemas con el rey lo alejaron por un tiempo de la política y se refugió entonces en la labor literaria.

Fue uno de los hombres más cultos de su época y contribuyó de forma importante a dar un impulso decisivo a la prosa castellana.

Y así escribió:
"Deseo que los hombres hagan en este mundo tales obras que les resulten provechosas para su honra, su hacienda y estado, así como para que encuentren el camino de la salvación."

Con este fin escribió los cuentos más provechosos que él sabía, para que los
hombres pudieran guiarse por medio de ellos, pues sería extraño que a alguien le sucediera alguna cosa que no se parezca a alguna de las contadas aquí.

Los libros que escribió fueron:
Crónica abreviada, Libro de los sabios, Libro de la caballería, Libro del infante, Libro del caballero y del escudero, Libro del conde, Libro de la caza, Libro de las máquinas de guerra, Libro de los cantares.
Estas obras, manuscritas, están en el monasterio de los dominicos de Peñafiel, que fue construido por el mismo don Juan Manuel.



Lo escribió para enseñar a quienes no eran sabios ni letrados, por lo cual escribió todos sus libros en castellano, demostrando así que fueron escritos para los más iletrados, para gente de escasa cultura, como lo era él.

Yo, don Juan, hijo del infante don Manuel, adelantado mayor del Reino de Murcia, escribí este libro con las más bellas palabras que encontré, entre las cuales puse algunos cuentecillos con que enseñar a quienes los oyeren.

Dios, que es perfecto y fuente de toda perfección, quiera, por su bondad y misericordia, que todos los que lean este libro saquen el provecho debido de su lectura, para mayor gloria de Dios, salvación de su alma y provecho para su cuerpo, como Él sabe muy bien que yo, don Juan, pretendo.

Quienes encuentren en el libro alguna incorrección, que no la imputen a mi voluntad, sino a mi falta de entendimiento; sin embargo, cuando encuentren algún ejemplo provechoso y bien escrito, deberán agradecerlo a Dios, pues Él es por quien todo lo perfecto y hermoso se dice y se hace.




Imaginando las conversaciones entre un gran señor, el Conde Lucanor y su consejero, llamado Patronio.

Como ejemplo aquí está el Cuento XIII

Lo que sucedió a un hombre que cazaba perdices

Hablaba otra vez el Conde Lucanor con Patronio, su consejero, y le dijo:

"Patronio, algunos nobles muy poderosos y otros que lo son menos, a veces, hacen daño a mis tierras o a mis vasallos, pero, cuando nos encontramos, se excusan por ello, diciéndome que lo hicieron obligados por la necesidad, sintiéndolo muchísimo y sin poder evitarlo. 
Como yo quisiera saber lo que debo hacer en tales circunstancias, os
ruego que me deis vuestra opinión sobre este asunto."

"Señor Conde Lucanor" -dijo Patronio-,
"lo que me habéis contado, y sobre lo cual me pedís consejo, se parece mucho a lo que ocurrió a un hombre que cazaba perdices."

El conde le pidió que se lo contase.

"Señor conde"  -dijo Patronio-,
"había un hombre que tendió sus redes para cazar perdices y, cuando ya había cobrado bastantes, el cazador volvió junto a la red donde estaban sus presas. A medida que las iba cogiendo, las sacaba de la red y las mataba y, mientras esto hacía, el viento, que le daba de lleno en los ojos, le hacía llorar. 
Al ver esto, una de las perdices, que estaba dentro de la malla, comenzó a decir a sus compañeras:
-¡Mirad, amigas, lo que le pasa a este hombre! ¡Aunque nos está matando, mirad cómo siente nuestra muerte y por eso llora!
Pero otra perdiz que estaba revoloteando por allí, que por ser más vieja y más
sabia que la otra no había caído en la red, le respondió:


-Amiga, doy gracias a Dios porque me he salvado de la red y ahora le pido que

nos salve a todas mis amigas y a mí de un hombre que busca nuestra muerte, aunque dé a entender con lágrimas que lo siente mucho.


Vos, señor Conde Lucanor, evitad siempre al que os hace daño, aunque os dé a

entender que lo siente mucho; pero si alguno os perjudica, no buscando vuestra
deshonra, y el daño no es muy grave para vos, si se trata de una persona a la que estéis agradecido, que además lo ha hecho forzada por las circunstancias, os aconsejo que no le concedáis demasiada importancia, aunque debéis procurar que no se repita tan frecuentemente que llegue a dañar vuestro buen nombre o vuestros intereses. 
Pero si os perjudica voluntariamente, romped con él para que vuestros bienes y vuestra fama no se vean lesionados o perjudicados."


El conde vio que este era un buen consejo que Patronio le daba, lo siguió y todo le fue bien.

Y viendo don Juan que el cuento era bueno, lo mandó poner en este libro e hizo
estos versos:


"A quien te haga mal, aunque sea a su pesar,

busca siempre la forma de poderlo alejar"