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lunes, 26 de septiembre de 2016

El Castillo de Estepa y el Bandolero Juan Caballero

Leyendas de Castillos. Leyendas Medievales.


El Castillo de Estepa 

y el Bandolero Juan Caballero





El castillo de Estepa  se encuentra situado en lo alto del cerro de San Cristobal, en el municipio del mismo nombre, en Sevilla, España, desde donde se dominaba gran parte del territorio.

Se construyó sobre la antigua ciudad de "Ostipo", una antigua ciudad conocida inicialmente como Astapa, aliada de Cartago durante las Guerras Púnicas, y destruida por las legiones romanas de Lucio Marcio en el año 206 a. C. según narran los historiadores Apiano y Tito Livio, el cual narraba como sus habitantes preferían suicidarse antes que vivir bajo el dominio romano.

Tras la destrucción de Astapa se fundó la ciudad romana de Ostippo.
Plinio la mencionó como una como ciudad libre situada estratégicamente en una encrucijada de caminos, por lo que alcanzó una gran importancia que además contaba con sus propias leyes.



El conjunto fortificado de Estepa está formado por el recinto de la vieja medina musulmana o ciudad medieval y el alcázar que servía de defensa para la zona más débil y la puerta de acceso.

Se cree que en su mayor parte el recinto que rodea el cerro es de origen musulmán, sin descartar que pueda tener elementos comunes con otros sistemas defensivos de época anterior.


Fernando III "el Santo" en el año 1240, tomó la villa y su castillo que pasó a formar parte de la Corona, hasta que Alfonso X el Sabio la donó en 1267 a la Orden Militar de Santiago que se encargó de reparar los muros y de reforzar el recinto del alcázar.
También se debió edificar en ese tiempo la torre del homenaje, así como el sistema defensivo de la puerta de la Villa.

 Muley Abulhacen, hijo del rey de Granada, se hizo con la fortaleza en el año 1462, pero fue recuperada rápidamente por Rodrigo Ponce de León.







Acabada la reconquista, Estepa perdió su valor estratégico y su castillo, junto con la villa, fue vendido a Adán Centurión, cuyo hijo y sucesor sería nombrado primer marqués de Estepa, bajo cuyo poder , el castillo-alcázar se convertiría en palacio y cambiaría sustancialmente su función, mientras que el resto del recinto se iría deteriorando poco a poco.



Su tipología se corresponde con la propia de un alcázar. Ubicado en el extremo de la cerca islámica, se construye a base de mampostería y hormigón de buena calidad, si bien en la torre del Homenaje y en algunos puntos claves de la fortaleza se han usado sillares de piedra bien escuadrados.

Se encuentra emplazado en el espolón occidental del cerro, defendiendo su acceso principal conocido como "puerta de la Villa".

Su forma era aproximadamente triangular, con mayor desarrollo de muro que los de la cerca. De sus suntuosas estancias apenas queda nada, sólo la torre del Homenaje, también conocida como "del Palacio". A través de unos gráficos del siglo XVI se sabe de la existencia de un sistema de barbacanas y de acceso al conjunto, y también de una coracha que defendía el manantial de la ermita de Santa Ana.


Recientes excavaciones en el lugar del antiguo cementerio han dejado ver el origen almohade de esta fortaleza.
La torre del Homenaje es el elemento de mayor interés que queda de este alcázar-palacio: es de planta cuadrada de unos 13 metros de lado y con una altura de 26 metros.
Su construcción es mediante aparejo de piedra labrada colocada a soga y tizón en la base, esquinas y elementos singulares.
Se trata en realidad de una torre albarrana elevada sobre un cuerpo macizo y unida al muro al nivel del camino de ronda.
En su interior cuenta con una dependencia ochavada cubierta con bóveda de crucería, con nervios de piedra y el resto de ladrillo.
Los capiteles sobre los que se apoyan dichos nervios están labrados con el escudo de los Figueroa, lo que confirma su construcción por el maestre Leonardo de Figueroa (1387-1409).

Aquí nació el bandolero Juan Caballero

El bandolero Juan Caballero 

“El Lero” 



Juan Caballero y Pérez nació en Estepa el 24 de agosto de 1801, como hijo de labradores acomodados, se crió bien sin conocer estrecheces, pero al morir su madre en 1824, su padre volvió a casarse, y Juan se marchó de casa lléndose a vivir y trabajar con su hermano como marchante de ganado.

Por avatares de la vida, fue acusado injustamente de ser uno de los asesinos del alguacil de Osuna.

El diario “La época” del 11 de abril de 1885, relató el acontecimiento:

“Mataron al alguacil mayor de Osuna entre dos criminales de nombradia, y un casero de aquel término que, por cuestiones de intereses, estaba reñido con Juan Caballero, profesándole odio encarnizado, culpó a éste del asesinato.
Preso y conducido a Sevilla, compareció para ser juzgado ante una comisión militar. Probó ante ella de una manera concluyente que cuando ocurrió el crimen venia él de Sierra Morena.
La comisión militar acordó que volviera á Estepa, para que el juez dispusiese lo que creyera oportuno, en vista de las pruebas alegadas.
El tránsito de Sevilla a Estepa, tratado como un criminal, hizo profunda impresión en el ánimo de aquel hombre que tenía la certeza de su inocencia. Empezó a proyectar su fuga desde la primera jornada, logrando burlar al fin en Pedrera la vigilancia de sus guardadores.”


Al conseguir escapar, en Cazalla de la Sierra se topó con una cuadrilla de bandoleros a los que se unió. No había otra, le perseguía la justicia y se había convertido en un fujitivo de por vida.





En 1827 se había convertido en uno de los bandoleros mas diestros de la sierra y había formado su propia cuadrilla.

Siempre tuvo un gran respeto por sus paisanos, y cuando daba un golpe cerca de Estepa, liberaba a los presos encarcelados de inmediato.

Exigía obediencia total en su gente, ejerciendo sobre ellos una autoridad sin límite. Era muy exigente en el mando y aplicaba duros castigos cuando detectaba cualquier acto de desobediencia.




En cierta ocasión tuvo que ayudar a su amigo, el bandolero José María “el Tempranillo”.

Se encontraba con dos de sus hombres en el Cortijo de la Vieja, propiedad del vicario de Estepa, cuando apareció un oficial con veinticuatro soldados bajo su mando, que rodearon el cortijo, exigiendo que se entregaran.

Los dos hombres que le acompañaban temblaron de terror, por lo que Juan indignado ante semejante muestra de cobardía, les apuntó con su arma, volviéndose para matarlos.

El miedo a su jefe pudo más que el que le tenían a los soldados, por lo que suplicaron por sus vidas.

En el diario “La época” recogió el acontecimiento:

“No quiero cobardes á mi lado—gritaba furioso Juan Caballero.
Si tenéis corazón, probádmelo ahora".

Montó a caballo, y dirigiéndose al casero, le mandó abrir la puerta del cortijo. El hombre no quiso hacerlo en vista del gran peligró, y le aconsejó que se ocultara.

"Juan Caballero no se esconde jamás" 
 gritó con voz de trueno, y arrebatándole la llave, abrió por su propia mano.



Salieron los tres a escape con sus briosos caballos, pasando como una exhalación por delante de la tropa asombrada.
Cuando Juan Caballero estuvo a cierta distancia de ésta, volvió rienda, y acercándose de nueve gritó:

"El que quiera algo conmigo, que se adelante. 
Me atrevo con todos, uno a uno, y hasta dos y hasta tres sí quieren. 
El que sea valiente, que salga."

Viendo que nadie salía, emprendió de nuevo la marcha.
El oficial entonces, dio entonces dio la orden a la tropa para que les siguieran, mientras que él, montado a caballo, salió a galope tendido detrás de ellos.

Uno de los compañeros de Juan Caballero quedó rezagado, por lo que el oficial iba a darle alcance acercándose a gran velocidad.
El bandido al verse atrapado comenzó á pedir socorro.

Juan se volvió con la rapidez de un rayo, y viendo que iba á morir a manos del oficial, que lleno de rabia les perseguía, disparó contra el caballo que cayó muerto a lo que el jinete salió lanzado en la caída, quedando tendido en el suelo sin conocimiento.

Juan Caballero se apeó, recogió el cuerpo inanimado del oficial que había quedado sobre unas peñas, lo colocó cuidadosamente encima de la hierba, y montando de nuevo emprendió la retirada, quedándose el último.

La tropa, que iba acercándose, hizo varías descargas; pero los tres bandidos resultaron ilesos.”

Hay quién dice que llevó al oficial hasta una posada en donde curaron sus heridas, y que Juan “El lero” se quedó hasta que recobró el conocimiento, diciéndole que no había matado por que había demostrado ser un hombre valiente.
Otros añaden, que más tarde ese oficial se licenció del ejercito y entró a formar parte de la cuadrilla de “El lero”.

Los gobiernos de la época intentaron por todos los medios acabar con los bandoleros, pero les era imposible, por la gran ayuda que prestaban a los lugareños, que les ayudaban y escondían cada vez que era necesario.
Así que, al comprobar que el uso de la fuerza no era el remedio, lo intentaron con los indultos.

Juan Caballero se negó en varias ocasiones a ser indultado, en un primer intento, se negó alegando que o era para él y toda su cuadrilla o no lo era para nadie.

Cuando el general Manso, aceptó, lo hizo con la condición de que tenía que entregar a “El Tempranillo”, lo que el general no debía de saber es que Juan era padrino de uno de sus hijos, por lo que negó el indulto, y puso una nueva condición: El indulto debía de ampliarse a todas las cuadrillas, sin que quedara ninguna fuera.

Según cuenta, Juan le dijo al general que él podría ser un asaltante, pero nunca un traidor.

Días más tardes, llegó el indulto para todas las cuadrillas.

La entrega de armas se llevó a cabo en Estepa con toda la solemnidad.
Los indultados entregaron sus armas y sus caballos, menos a Juan Caballero “El lero” que se le permitió quedarse con el suyo, pero él se negó, sin embargo, lo “compró” entregando 30 onzas de oro al párroco para obras de caridad.

Desde ese momento, llevó una vida tranquila como tratante de ganado.
Su valor y su brío le acompañó el resto de su vida.

“El Lero” se casó, y tuvo varios hijos, al menor que le puso de nombre Luis, entró en la carrera eclesiástica, lo que alegró mucho a Juan que era una persona muy religiosa, todas las mañanas escuchaba misa, y por las noches rezaba un Rosario, sin embargo no pudo escuchar a su hijo decir su primera misa, ya que falleció el 30 de marzo de 1885, cuando contaba con más de 80 años.



Fuentes.-
http://www.iaph.es/patrimonio-inmueble-andalucia
http://leyendasyfabulas.com/juan-caballero-el-lero-bandolero-de-leyenda/
https://sevillapedia.wikanda.es/wiki/Castillo-palacio_de_Estepa