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viernes, 2 de septiembre de 2016

El Castillo de Patmos y la isla del Apocalipsis

Leyendas de Castillos. Leyendas Medievales.


El Castillo de Patmos





La isla de Patmos es la que está situada más al norte de las islas del Dodecaneso. 

El Dodecaneso , significa 'las doce islas', es uno de los archipiélagos griegos del mar Egeo, situado delante de la costa sudoccidental de Turquía.

Las principales islas del archipiélago son: Rodas, Cos, Kálimnos, Kárpatos, Kasos, Kastelorizo, Symi, Tilos, Nísiros, Astipalea, Leros y Patmos.
Otras islas destacables del archipiélago son Agatonisi, Alimia, Arkoi, Farmakonisi, Gyali, Jalki, Kinaros, Lebynthos, Lipsi, Nimos, Pserimos, Saria, Syrna y Télendos .




Lo forman un total de 163 islas, de las cuales 26 están habitadas.

La historia de las islas del Dodecaneso está vinculada a la isla principal de Rodas, nombre de la principal ciudad. 
Esta ciudad ha tenido desde los tiempos de la Grecia clásica, una gran influencia sobre todo el archipiélago por su importancia estratégica y militar, y por ser el hogar de un importante puerto comercial entre Oriente y Occidente.

De este período se encuentran numerosos restos arqueológicos de templos y ciudades dispersos en las distintas islas.




En la Edad Media, el archipiélago fue durante siglos la sede de los Caballeros de Rodas, que fortificó la isla de Rodas convirtiéndola en inexpugnable para los turcos, que intentaron varias veces su conquista. 

Todavía se pueden admirar las fortificaciones de la ciudad y los castillos en otras islas, como Neratzia y Antimachia en Cos. 

La presencia de los Caballeros se prolongó hasta el siglo XVI, cuando, tras otro ataque a la misma, se negoció su salida de las islas del archipiélago y se las cedió al sultán, formando así parte del Imperio Otomano.

El monasterio fue fundado en 1088 por Christodoulos, al cual el emperador Alexis I Comneno había donado la isla, pero que más tarde huirá de una rebelión de los monjes e irá a refugiarse a Eubea donde morirá en 1093.

El monasterio es el origen de la riqueza de la isla, puesto que el convento fortificado se benefició de numerosos privilegios.
Recibió también una de las más prestigiosas bibliotecas de su tiempo.

En 1132, el monasterio recibió el estatuto imperial.
En 1157, Leontios defiende los privilegios del monasterio ante Manuel I Comneno.

Llegó a albergar 1700 monjes, no cuenta más que con alrededor de 25 hoy día, pero su patrimonio de tierras sigue siendo impresionante ya que tiene aún propiedades en otras islas.

La isla del Apocalipsis




Patmos, también llamada “La isla del Apocalipsis”, por ser el lugar donde San Juan escribió el Apocalipsis en el año 95 D.C., momento en el que se convirtió en un lugar sagrado, ya que fue allí donde tuvo la Revelación de los acontecimientos que sobrevendrían a la humanidad .




Con la dominación romana, el emperador Domiciano utilizó la isla para el exilio de personas importantes, entre ellas Agios Ioanis (San Juan).

con el tiempo, se convirtió en la isla más sagrada para los cristianos, un lugar muy visitado por miles de peregrinos que querían conocer la cueva donde San Juan había escrito el libro de las Revelaciones, y el Apocalipsis.




En un apartado de los textos del Apocalípsis de San Juan, se citaba como después de 1000 años encadenado, Satanas se liberaría y acabaría con la humanidad. Esto fue interpretado por la sociedad del momento, compuesta en su mayoría como una sociedad inculta, llena de supersticiones y que apenas sabía leer ni escribir, como la llegada del fin del mundo, al cumplirse el año 1000.

La fecha exacta nadie la sabía, ya que en cada país de Europa, la llegada del año nuevo se celebraba en fechas distintas.
En Venecia se celebraba el 1 de marzo, mientras que Gran Bretaña era el 25 de marzo o en Calabria y Bizancio, esta festividad se celebraba el 1 de septiembre, así que no se sabía exactamente cuando sucedería el fatídico acontecimiento.





Eran tiempos muy duros, de grandes hambrunas, en las que la supervivencia resultaba muy difícil, y eran muchos los que pensaban que todas las calamidades eran un castigo divino por los pecados cometidos.

Al Papa que le tocó la suerte de vivir el supuesto fin del mundo fue a Silvestre II, de quien se comenzó a rumorear que estaba en relación íntima con Satanás.

Este Papa cuyo nombre en realidad era Gerberto de Aurillac, fue el primer papa francés de la historia, nació en la región occitana de Auvernia e ingresó, alrededor de 963, en el monasterio de Saint-Géraud de Aurillac donde estudio gramática, retórica y dialéctica.

Sobresalía en el terreno científico, en particular en el conocimiento del Quadrivium, conjunto de disciplinas que incluía la aritmética, la geometría, la astronomía y la música, destacando además como teólogo y filósofo.
Introdujo en Francia el sistema decimal islámico y el uso del cero.




En el año 967, viajó a la corte del conde de Barcelona, donde permaneció tres años en el monasterio de Santa María de Ripoll, en Gerona, sobre todo en su biblioteca, que visitaba muy frecuentemente y era considerada una de las mejores de la época.

En esta época viajó a Córdoba, donde estuvo rodeado de un círculo de amigos intelectuales, sabios de su tiempo. Su carácter curioso e inquieto, hizo que entrara en contacto con las ciencias árabes, matemáticas, astronomía, astrología, llevándole a relacionarse con famosos alquimistas.



Inventó y construyó todo tipo de objetos destinados al aprendizaje y a la investigación, como ábacos, un globo terrestre, un órgano; además ya le gustaban mucho los artilugios mecánicos, y construyó o dirigió la creación del reloj de la catedral de Magdeburgo, y según cuentan, diseñó una curiosa cabeza mecánica capaz de contestar afirmativa o negativamente a lo que se le preguntaba.

Con todo esto, lo que consiguió es que se despertaran sospechas de que además era brujo.
Tanto talento despertó gran admiración entre la aristocracia, y los sabios de su época, pero también odios y envidias que le acusaron de diabólico, nigromante y alquimista maligno, de brujo, en un mundo lleno de ignorantes, en la que la mayoría no sabía ni leer ni escribir, y cuyo clero era supersticioso y envidioso.

En medio de este ambiente y a pesar de todo, el 18 de febrero de 999, Gerberto de Aurillac, fue nombrado Papa y consagrado con el nombre de Silvestre II.

Se acercaba el nuevo año y las habladurías sobre él no cesaban.
El juicio final se acercaba, y eran muchos los que parecían regodearse con la llegada del fin del mundo y las Profecías del Apocalipsis.
Los monjes marchaban por las calles llamando al arrepentimiento mientras una marea de fanáticos ignorantes, sumía a la sociedad en una especie de histeria colectiva.



Silvestre II  recurrió al rey Otón III, aconsejándole la unificación y reconstrucción del imperio de Carlomagno y el Imperio Romano, tratando así de acabar con tanta habladuría, pero el tiempo pasaba, se acercaba el último día del año de 999, y las gentes se mostraban cada vez mas angustiada.

Por fin llegó el día señalado y no pasó nada.
En la noche del cambio de milenio, la luna y las estrellas lucieron en el cielo como todas las noches y Silvestre II, tan denigrado y acusado como había sido, pudo sentir la íntima satisfacción de ver los cielos y el sol cuando ya había entrado el temido año 1000.

Desde entonces, aquella lejana fecha, la noche de San Silvestre es la que pone fin al año y el día 1 de enero se celebra la festividad del llamado Papa maldito.

 A Silvestre II la nobleza romana le permitió regresar a Roma, donde falleció el 12 de mayo de 1003, en extrañas circunstancias.

Seguramente le asesinaron, por odio, envidias o porque en realidad se creyera que era un servidor de satanás.
La versión que se dió fue la siguiente:
"Encontrándose el Papa en la iglesia de Santa Cruz, se le apareció el demonio y arrebatándole una cruz de oro que tenía en las manos, le golpeó repetidamente en la cabeza con ella hasta que lo mató".

Según había dejado escrito Silvestre II en su última voluntad era que su cuerpo fuese llevado por dos caballos blancos hasta donde se parasen y allí ser enterrado.
Así se hizo y los caballos pararon en la iglesia de San Juan de Letrán, donde recibieron sepultura los restos del Papa.



San Juan de Letrán , también llamada del Santísimo Salvador, de San Juan Bautista y San Juan Evangelista, es la catedral de Roma, donde se encuentra la sede episcopal del obispo de Roma (el Papa).

Está dedicada a Cristo Salvador, sin embargo es más conocida con el nombre de San Juan, por estar dedicada a los dos santos principales que llevan este nombre.

La historia de la archibasílica de San Juan de Letrán, es compleja, puesto que esta construcción, con el paso de los siglos, ha sufrido terremotos, incendios y reconstrucciones.




La Basílica fue terminada en el tiempo del papa Silvestre I y consagrada por él en el año 324.
Fue originalmente dedicada al Salvador y más tarde conocida como la Basílica de los Juanes.

En 846 fue destruida por un terremoto y tuvo que ser reconstruida por el papa Sergio III.



Es la más antigua y la de rango más alto entre las cuatro basílicas papales de Roma, y sede episcopal del primado de todos los obispos, el Papa.

Cerca de esta basílica está el edificio que alberga la Escalera Santa, cuyos escalones, traídos de Tierra Santa, son según la tradición los mismos que subió Cristo en el palacio de Pilato. 

La actual basílica, de estilo barroco, fue transformada por Francesco Borromini en el siglo XVII. 

En lo alto de la fachada se encuentran estatuas de Cristo, los santos Juanes (el Evangelista y el Bautista) y los Apóstoles. 



Cuando seis siglos mas tarde, se remodeló la basilica, se procedió a abrir la tumba de Silvestre II, de la que se decía que se oían extraños sonidos, semejantes al entrechocar de huesos y emana un especial perfume.

La sorpresa fue mayúscula cuando al abrir la tumba se encontraron las ropas intactas y la tiara papal perfectamente colocada. Parecía como si el enterramiento hubiera sucedido hacía poco tiempo.


Según la leyenda, cuando le dió la luz del sol, se consumió todo entero quedando solo el anillo papal y una cruz de plata.

Ya en el Renacimiento se reivindicó la figura de Silvestre II, hasta entonces muy menospreciada, considerándolo un sabio que se adelantó a su tiempo y por ello, fue objeto de calumnias y difamaciones.
Un tiempo de oscurantismo, de guerras, de epidemias y de terror.

Entre el mito y la leyenda, la verdad es que la historia del Papa del Año 1000, Silvestre II, siempre quedó envuelta en un halo de misterio.

Mas información para visitar Patmos.