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lunes, 12 de septiembre de 2016

La fortaleza de Kumbhalgarh y El Ramayana

Leyendas de Castillos. Leyendas Medievales.


La fortaleza de Kumbhalgarh





El Fuerte Kumbalgarh está rodeado por una pared única que en la antigüedad se conocía como «el guardián de la muerte».

Su longitud es de 36 km y en algunos lugares su ancho llega a medir hasta 8 m.
Se extiende de forma continua alrededor del perímetro de la fortaleza que durante siglos la ha protegido de los invasores.





La muralla se construyó en el siglo XV y tardó todo un siglo en ser terminada, ya en el siglo XVI.

Ninguna de las guerras que presenció esta gran pared en la India pudo abatirla y nunca cayó , como tampoco permitió que los enemigos invadieran la fortaleza.

Solo la Gran Muralla China es más larga que el «guardián de la muerte», o como los locales lo llaman, "Los ojos de Mewar ".



La fortaleza Mewar está en la zona occidental de los montes Aravalli, en el Distrito de Rajsamand, en el estado de la India de Rajastán.

Está declarado como Patrimonio de la Humanidad.

Fue construida y gobernado por Kumbha y su dinastía que eran descendientes de los Sisodia rajputs y ampliado durante el siglo XIX.
Kumbhalgarh es también el lugar de nacimiento de Maharana Pratap, el gran rey y guerrero de Mewar.

La fortaleza estuvo habitada hasta finales del siglo XIX, ahora está abierto al público y se ilumina cada noche.



Es la segunda mayor fortaleza en Rajastán después de Chittorgarh.

El Reino de Mewar del Rana Kumbha se extendía desde Ranthambore a Gwalior e incluía grandes extensiones de Madhya Pradesh y Rajasthan.

De las 84 fortalezas de su dominio se dice Rana Kumbha diseñó 32, de los cuales Kumbhalgarh es la mayor y más elaborada.



Kumbhalgarh fue utilizado como un lugar de refugio para los gobernantes de Mewar en momentos de peligro.

Un ejemplo notable fue en el caso del príncipe Udai, el niño rey de Mewar que se escondió aquí en 1535, cuando Chittaur estaba sitiada.



El Príncipe Udai fue también el fundador de la ciudad de Udaipur.
La fortaleza se mantuvo inexpugnable a los asaltos, y cayó sólo una vez, debido a la escasez de agua potable, ante las fuerzas combinadas del emperador mogol Akbar, Raja Man Singh de Amber, Raja Udai Singh de Marwar y los Mirzas de Gujarat.

Ahmed Shah I de Gujarat atacó la fortaleza en 1457, pero sus esfuerzos resultaron inútiles.

Había una creencia local, en la que se decía que la deidad Banmata protegía el fuerte y luego destruyó el templo.

Hubo varios intentos de tomar la fortaleza, en 1458-59 y 1467 por Mahmud Khilji, pero resultaron inútiles.



Los edificios residenciales y templos están bien conservados.
Fue el lugar de nacimiento de Maha Rana Pratap.

Construido sobre una zona alta, a 1.100 m. sobre el nivel del mar, en los montes de Aravalli, el fuerte de Kumbhalgarh tiene muros perimetrales que se extienden a lo largo de 36 kilometros.

Kumbhalgarh tiene siete puertas fortificadas.
Hay más de 360 ​​templos dentro de la fortaleza, 300 del jainismo y el resto hindúes.

Desde lo alto del palacio es posible ver los Aravalli, así como las dunas de arena del desierto de Thar.



El Ramayana 



Una de las obras más importantes de la India antigua es "El Ramayana" escrito en siglo III a. C.

Es un texto épico atribuido al escritor Vālmīki que forma parte de los textos sagrados transmitidos por la tradición popular.

Es una epopeya, compuesta por 24.000 versos, divididos en 7 volúmenes.
Conocido ampliamente gracias a sus numerosas traducciones, el Ramayana ha ejercido importante influencia en la literatura india.
El Ramayana tuvo una importante influencia en la poesía sánscrita, ya que contiene las enseñanzas de la India.

Siendo una de las más importantes obras literarias de la India antigua tuvo un profundo impacto en el arte y en la India y en el sureste de Asia.

Ha inspirado numerosas obras literarias modernas en diversos lenguajes, entre los que resaltaron los trabajos del poeta hindú Tulsidas (siglo XVI), y el poeta tamil Kambar (siglo XIII).

Aquí solo dejo un pequeño fragmento:

"Glorifican los hombres a Vishnu, el dios resplandeciente, que con Surya comparte los rayos del astro del día. 


Vishnu, dios de la luz, a cuya mirada no se ocultan las acciones de los hombres perversos y que ilumina con su brillo las mismas fuerza del mal; 

Vishnu, el incansable, libra todos los días el combate con las tinieblas y sale victorioso!.


El insolente Ravana, príncipe del mal, comprendiendo que no podía competir con la gloria de Vishnu, pidió al dios Brama, el de los cien mil rostros, que le concediese al menos el don de ser invulnerable; 

que su cuerpo se viese para siempre libre del peligro de la espada cortante, de la flecha y el dardo. 

Quiso vender a los dioses la paz de que gozan, y renunció a luchar directamente contra ellos a cambio de que éstos le otorgasen la virtud que sus tiros y sus rayos no pudiesen herirle. 



Esto fue lo que pidió el atrevido.

Tardó mucho el poderoso Brama antes de contestar a tal demanda. 
Su majestuosa cabeza, en que se reflejaban los infinitos aspectos de la Creación, permaneció largo tiempo meditando, y al fin, con un leve movimiento afirmativo, concedió a Ravana lo que le pedía. 


Saltó de gozo tres veces el malvado ante la presencia de Brama, y no

pensó en escrutar la impenetrable sonrisa de los cien mil rostros que todo lo ven.
Ravana, el insolente, pidió que su cuerpo se hiciera inmune a la lanza de Indra, que es el rayo, y siega los árboles en la tormenta y los guerreros en la batalla. 


Pidió ser insensible también al ardiente dardo de Surya, que traspasa la más densa oscuridad y envía su mensaje a las estrellas. 



Pidió así mismo que los Maruts, los vientos desencadenados, nada pudiesen contra él ni sus ejércitos de espíritus infernales.



Volvía sus ojos hacia todos los rincones del cielo, buscando aquí y allá qué poder, qué arma o qué proyectil de los dioses señalaría con su dedo, indicando que también a aquello deseaba ser invulnerable.



Y cuando en su exigencia, se creyó bien protegido, contra todas las fuerza celestes, se retiró de la presencia de los dioses meditando en su corazón siniestros propósitos.


Las maldades de Ravana y de sus espíritus no tuvieron punto de reposo desde aquel día. 
Lanzaba su pestilencia sobre la tierra y se abatía sobre los hombres  indefensos ,sin respetar al pobre ni al rico, al sacerdote ni al guerrero, al navegante ni al labrador.


Había cumplido su pérfida palabra. 

Sus esclavos, los malignos raksas, se abstenían de mover guerra a los dioses, pero se cebaban en el hombre, que no tenía contra ellos ningún poder. 


Los mortales se hundían en el mal y en la enfermedad, en el odio y en la

muerte. 


Y de tal manera abusó Ravana del privilegio que Brama le había concedido,

que Vishnu no lo pudo soportar, y, anticipándose a los pensamientos sublimes de su señor, se presentó ante él y le dijo.


–¡Oh Sabio! Se ha cumplido el plazo de prueba, los desastres se abaten sobre la Humanidad y Ravana, el perjuro, cree que nos ha engañado. Nosotros debemos mantener nuestra palabra y no atacarle con nuestras propias manos. 



El muy fatuo creyó que sólo los dioses podían herirle, y cuando pasó revista a todas las armas celestes se olvidó del hombre, al que menospreciaba. 

¡Es preciso que un héroe, entre los hombres, tome el arma de la venganza, y yo, absteniéndome de herir, guiaré su brazo vengador!.


Obteniendo el consentimiento de Brama, que lo había previsto todo, Vishnu y los demás dioses dispusieron que viniese al mundo Rama, el héroe invencible, que por no ser más que un hombre podía herir con su mano al insolente Ravana, el cuál sólo era invulnerable contra las armas divinas.



Y de esta manera vino al mundo Rama. Su fuerza invencible estaba destinada a

humillar al que intentó engañar a los dioses y sólo había conseguido engañarse a sí mismo.

De como nació el verso


Recogido en la soledad d los bosques el sabio ermitaño Valmiki pedía inspiración a los dioses para que le ayudasen a cantar las proezas de Rama. Pero se sentía desconsolado. 

No sabía qué extensión, qué medida daría a sus versos. 
Le parecían infantiles y poco dignas de la majestad del asunto las canciones rimadas que conocía.

El verso era pobre y era digno de las inmortales gestas de su héroe.
¿Cómo imitar el ruido trepidante de la tierra, estremeciéndose al paso de los ejércitos?
¿Cómo cantar la ternura del corazón de Sita? 
¿Cómo describir la lealtad del pecho de Rama, marchando por propia voluntad al destierro, sólo para impedir que su padre faltase a la palabra empeñada? 
Profundo es el abismo del corazón humano. 
En él caben los más variados matices de la poesía y la más simple y brutal crudeza. 

¿En estrofas simétricas cómo expresar todo esto? 
Los himnos de las doncellas que acuden a despedir a los héroes no se parecen a las voces terribles de los combatientes cuando entran en batalla. 
El canto de la muchacha en vísperas de su boda no se asemeja a
sus lamentos cuando la persigue el dolor. 
Y todo sale, sin embargo, de la misma fuente. 
El hombre es siempre igual y siempre distinto. 

El poeta Valmiki buscaba con ansiedad una estrofa que fuese como el hombre; que tuviese vida y reflejase, como un cristal que no aprisiona la luz, todas las facetas de su alma.

Mientras contemplaba el cielo sumido en estos pensamientos, pudo ver una pareja de avecillas posadas en la rama de un árbol, que dialogaban con sus trinos. 

De pronto el macho cayó mortalmente herido por una flecha que le disparó un cazador y fue a parar a los pies del piadoso Valmiki, manchado con su propia sangre.

Profundamente conmovido por el dolor que debía sentir la hembra del animal al verse abandonada, el poeta, involuntariamente pronunció palabras en que lamentaba aquella muerte, y las acompañó de amenazas contra el matador. Después, cosa extraña, el propio Valmiki se dio cuenta de que su frase no había brotado de sus labios en prosa, sino en verso. 


Una corriente de poesía, en un ritmo desconocido hasta entonces había

salido de su boca. 

Y cuando, meditando sobre ello, regresaba a su cabaña de ermitaño, Brama se le apareció y le anunció que, sin querer, había creado el verso perfecto, el sloka; y la deidad le mandó componer el divino poema de la vida y hazañas
de Rama en aquella medida.


El Ramayana vivirá en los labios de los hombres, mientras los montes se sostengan sobre su base y los ríos corran por la tierra hacia el mar."