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lunes, 28 de noviembre de 2016

El castillo de Santueri y la Conquista de Mallorca

Leyendas de Castillos. Leyendas Medievales.


El castillo de Santueri
y la Conquista de Mallorca



El castillo de Santueri




Se encuentra en la Serra de Llevant, en Felanitx, Mallorca , Islas Baleares, España.
Mallorca es la isla más grande del archipiélago balear y el castillo está situado en la cima de la montaña que le da nombre, a 423 m sobre el nivel del mar, desde donde se podía controlar una amplia zona tanto de tierra como de mar.




Se trata de un castillo roquero cuya construcción se adaptó a los acantilados de la montaña.
Sus paredes y murallas fueron remodeladas en 1348.
Tenía hasta 370 almenas y actualmente tiene una longitud de unos 300 m.

Tiene tres torres cuadradas de defensa en diferentes puntos, y una torre circular, conocida como la Torre del Homenaje, ademas cuenta con elementos defensivos, como lagunas (las largas y estrechas aberturas rectangulares en las paredes para disparar), almenas o matacanes estructuras en las consolas en forma de parapeto.


El espacio interior se adaptó para soportar largos asedios, con una superficie de tierras aptas para el cultivo, numerosos almacenes, un importante sistema hidráulico que consiste en al menos seis cisternas y un pozo, una capilla, un horno de leña, varios molinos movidos por animales, una cocina, establos y numerosos espacios de vida que, por desgracia, no se han conservado, pero que se citan en fuentes escritas.



Esta zona tuvo un uso continuo desde tiempos prehistóricos, pero casi todos los restos del castillo que ahora se conservan son de origen medieval.

Desde principios del siglo XIV, el castillo sufrió numerosas reformas, lo que afectó sustancialmente los restos pertenecientes al período bizantino y para el período islámico, hasta entonces conservado.
Fue declarado Bien de Interés Cultural en 1949.


Conquista de Mallorca por Jaime I


Los continuos ataques que los comerciantes de la península sufrían por parte de los piratas mallorquines obligó al rey Jaime I a tomar medidas contra las continuas provocaciones del rey de Mallorca, Abú Yahia, quien a pesar de las advertencias, había ordenado apresar dos naves que se encontraba en Mallorca, una de ellas cargada de valiosas mercancias, siendo las dos abordadas por las galeras armadas del rey en Ibiza.





La noticia armó tal revuelo, que los nobles acudieron rápidamente al rey Jaime I quejándose por la falta de seguridad a la que estaban sometidos el traslado de sus mercancías.
El rey, tras escucharlos pacientemente, mandó enviar una nave con un mensajero al rey de Mallorca, exigiéndole la devolución inmediata de sus naves, de sus tripulantes y de toda la mercancía.

Abú Yahia pidió consejo a los comerciantes genoveses, pisanos y provenzales establecidos en Mallorca, quienes guiados por su interés en seguir dominando el comercio de sus aguas, le aconsejaron que desoyera a Jaime I , así , el rey Abú Yahia, interrogó duramente al emisario y le preguntó con desprecio , por el rey que osaba reclamar la restitución de aquellos barcos.

El mensajero, enfadado respondió gallardamente:

" Ese rey no es otro, que el hijo de aquel que venció en la batalla de las Navas
de Tolosa, donde el rey Pedro el Católico venció brillantemente".

Airado con tal respuesta, el sarraceno exclamó:

"Si no fueras un simple mensajero, en mala hora habrías dicho esas palabras,
Vuelve con tu rey , antes de que me arrepienta"

y lo despidió de mala manera.

Tal afrenta fue el detonante para que el rey Jaime I tomara represalias.
Desde hacía tiempo, tenía sus ojos puestos sobre las islas, un objetivo muy ventajoso tanto económico como militar, no solamente acabaría con aquel nido de piratas, sino también con el monopolio del comercio de las islas y el control de la ruta hacia Oriente.



A finales del año 1228, Jaime I, con tan solo veinte años de edad, expuso ante nobles, magnates y prelados la difícil y tentadora conquista de las islas Baleares, que expuso con carácter de cruzada, con tan inspiradas y emotivas palabras, que todos se comprometieron a aportar un número determinado de naves, caballeros e infantes , con la condición de que las tierras y el botín conquistado serían repartidos entre los conquistadores.

Las ciudades y villas aragonesas insistieron en convencerlo para que
conquistara Valencia, en la cual estaban muy interesados, pero el rey, quería conquistar aquel reino dentro del mar y no quiso ni oir hablar del tema.
Sin mas, inició los preparativos para comenzar su invasión, cuyo plan de ataque no era otro que desembarcar sorpresivamente en la bahía de Pollença.

Sin embargo, durante la travesía de la noche, se desencadenó tal tempestad que se les hizo imposible desembarcar en dicha bahía, por lo que tuvieron que dirigirse hacia el sur de la isla, a la isla Dragonera, en la zona de Es Pantaleu,
donde la expedición pudo reagruparse.



Por desgracia la flota fue avistada y al llegar a la costa de Calvià y Andratx, les estaban esperando un ejército de musulmanes armados que pretendían impedir el desembarco de las tropas cristianas.

Seguramente el walí de Mallorca estaba al corriente de la inminente llegada de las tropas del rey cristiano y mando a dos contingentes de caballería formados por un millar de caballeros cada uno y dieciocho mil infantes, distribuyéndolos por los posibles lugares de desembarco de las costas de la isla.

Para eludir al enemigo, las galeras de Jaime I salieron silenciosamente de Andratx la noche del domingo, pero los musulmanes los descubrieron y comenzaron a seguirles a lo largo de la costa.

Los cristianos consiguieron llegar el lunes al amanecer a la bahía de Santa Ponça, dejando a los musulmanes atrás ya que, tuvieron que desviarse hacia el interior de la isla y rodear el macizo de la Sierra de Gorvió por no existir un camino por la costa.

La ausencia de enemigos fue aprovechada por las tropas cristianas para desembarcar algunas galeras en la playa de Santa Ponça, mientras que enviaba el resto, con al menos 300 caballeros, a la zona arenosa de Sa Porrassa, en la antigua albufera de Magaluf.



Las fuentes indican que a las pocas horas de iniciarse el desembarco, el lunes día 10, las tropas cristianas, arremetieron contra un contingente musulmán ubicado en una colina cercana a la costa, probablemente el Puig de sa Morisca, con sólo 50 caballeros y 700 infantes, quienes tomaron la delantera a los invadidos, apoderándose de la colina cercana al mar.
Según dicen, el primero que subió fue Bernardo de Ruidemeya, quien, en camisa y calzando abarcas, tremoló un pendón en la cima llamando á sus compañeros.
(Ensenyat (1919: 40) señala que fueron 150 caballeros y 800 infantes los que atacaron esta plaza, mientras, el resto de la tropa se hallaba desembarcando).



Después, ya unido el rey al asalto, consiguieron dominar sin problemas todo el llano de Santa Ponça.
Cuando el rey desembarcó y se enteró de esta primera acción de armas y su primera victoria, la celebró mucho, sintiendo solo el haberse perdido la reyerta.

Con 25 caballeros se dirigió hacia donde había tenido lugar el combate; en cuyas inmediaciones vieron a 400 sarracenos de á pié, contra los que acometieron al intentar tomar otra posición.
Esta vez murieron 80 enemigos.

El control del llano de Santa Ponça y del Puig de sa Morisca resultaba vital para poder organizar y planificar el avance cristiano, puesto que desde este núcleo se divisaba prácticamente toda la península que se localiza en el sur de Calvià, la costa y gran parte de los territorios del interior.

Tras superar este primer episodio bélico, los cristianos, ya con la posición asegurada, instalaron un campamento militar en el llano y en las cercanías de la bahía de Santa Ponça hasta el miércoles 12, cuando se inició la marcha rumbo a la ciudad. 



Se decidió que los caballeros de Montcada dirigieran la comitiva y el avance de las tropas hacia Madina Mayurqa.

Una vez se pusieron en marcha hacia la ciudad, los cabecillas que abrían la comitiva divisaron una gran hueste de musulmanes en la zona donde hoy se sitúa la capilla de la Piedra Sagrada.
(Esta capilla simboliza, desde inicios del siglo XX, la creencia popular que señala este lugar como aquel donde los cristianos celebraron su primera misa en Mallorca.)

Era una avanzadilla islámica , formada por unos dos mil hombres, enviada desde la Ciudad para repeler la invasión, ganando tiempo para organizar la defensa de la medina.

Las fuentes señalan que este contingente fue avistado previamente por los barcos que habían fondeado en Sa Porrassa, que enviaron acto seguido un bote a la bahía de Santa Ponça para avisar al grueso de la tropa.

La crónica árabe de la conquista indica que el objetivo principal de este destacamento consistía en tratar de evitar el desembarco cristiano en Santa Ponça, pero no llegaron a tiempo por lo que hubo un gran enfrentamiento entre ambas fuerzas en el Coll de sa Batalla, cuyo topónimo actual hace referencia a este acontecimiento.

En los primeros momentos de la confrontación, se sucedió el desconcierto entre las tropas cristianas.



Al parecer, el ejército cristiano se había desorganizado y dividido en tres secciones, quedando la retaguardia, dirigida por Nunyo Sanç, muy separada de las primeras filas de vanguardia, que habían iniciado un peligroso avance sin caballería. 
De este modo, los soldados fueron contenidos por Rocafort hasta la llegada de los Montcada, momento en el que se inició la batalla.

Cuando los cristianos se intentaron reorganizar ya se habían producido varios choques entre ambos ejércitos.
Según cuenta la crónica, tres veces habían ganado los cristianos y tres veces los árabes.

En uno de estos enfrentamientos, Guillermo de Montcada se percató de que, si lograban tomar la colina donde se situaba el campamento militar almohade, ganarían la batalla.

Este noble decidió que sus tropas atacarían por el flanco izquierdo, mientras las tropas del conde Hugo IV de Ampurias y los templarios atacarían directamente al campamento por el centro.

El flanco derecho era inaccesible, ya que lo constituían tierras pantanosas de la albufera de Magaluf.



En ese momento, llegó al lugar el rey Jaime I, junto a una decena de caballeros, que vieron cómo los árabes blandían el estandarte de los Montcada, mientras gritaban y tiraban piedras.
Ramón y Guillermo de Montcada ya habían caído en la contienda, aunque el rey no se percató de ello hasta que hubo finalizado la batalla.

En esa situación, Nunyo Sanç atacó con 70 caballeros, pero el ataque no tuvo éxito y tuvo que retroceder.



Ante tal situación de inestabilidad, el rey ordenó un arriesgado ataque de caballería formada por 150 caballeros que arremetieron contra el asentamiento, avanzando hacia la retaguardia del ejército almohade, dejándolo totalmente rodeado y cercado entre los dos flancos de las tropas cristianas.

De este modo, el ejército cristiano ganó la contienda definitivamente.

La toma del enclave provocó una desbandada de musulmanes a la altura del Coll des Cocons, que huyeron hacia las montañas y las “selvas de pinar” que había en el entorno.
Probablemente, muchos de estos individuos optaron por refugiarse en cuevas apartadas en zonas montañosas.

Actualmente, al pie de Cas Saboners se sitúa la Cruz de los Montcada, que señala el lugar donde murieron estos dos personajes.



Justo después de la batalla, el rey Jaime I ordenó avanzar rápidamente hacia Portopí, con tal de impedir que la ciudad se preparara para el asedio. 

Al llegar a la antigua alquería de Bendinat, encontraron una fuente de agua, por lo que se decidió que las tropas acamparan y, pasaran allí la noche.
El rey rindió tributo a los nobles caídos en el Coll de sa Batalla, donde fueron enterrados el día 14 de septiembre.

Vencidos los almohades, las tropas, al mando del rey Jaime I, se dirigieron hacia el asedio de Madina Mayurqa, donde el walí Abu Yahya esperaba poder afrontar el ataque, confiando en las defensas de la ciudad.



El 31 de diciembre de 1229, 117 días después de la salida del Jaime I de la península, la ciudad de Madina Mayurqa cayó, aunque no fue hasta 1232 cuando se rindieron los últimos almohades que se refugiaron en el interior de la Serra de Tramuntana.