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viernes, 25 de noviembre de 2016

El Castillo de Simancas y Las Siete doncellas

Leyendas de Castillos. Leyendas Medievales.


El Castillo de Simancas


Se encuentra en la localidad del mismo nombre, en la provincia de Valladolid, Castilla y León, España.




La muralla que lo rodea, los cubos, las almenas, el foso, la entrada y los dos puentes son de finales del siglo XV, fecha en la que lo habitaba la familia Enríquez, y que también reformó la capilla.





Tiene una hermosa bóveda estrellada pintada, donde están representadas las armas de sus fundadores: Don Alonso Enríquez y Doña Mª de Velasco.

El castillo propiamente dicho se debe a las reformas del siglo XVI, de Juan de Herrera y Francisco de Mora. 




Se proyectó la linterna de la Torre del Obispo con forma acampanada y se continuó reformando en los siglos XVII y XVIII.

Durante el siglo XV la familia Enríquez, Almirantes de Castilla, ejercían el señorío de Simancas.

Reconstruyeron la vieja fortaleza árabe y la capilla, pero poco después, los Reyes Católicos la reclamaron para la corona y la convirtieron en prisión de Estado.



Aquí estuvo preso y fue ejecutado el obispo de Zamora, Antonio de Acuña, capitán comunero de Castilla, en 1521, en uno de los cubos del castillo, llamado ahora, La Torre del Obispo. 



Este personaje tomó parte activa en la batalla de Villalar.
Los tres comuneros (Padilla, Bravo y Maldonado) fueron también ejecutados aquí.





Felipe II transformó el castillo en Archivo General del Reino, ahora conocido como Archivo General de Simancas, albergando uno de los archivos más importantes de Europa, con 35 millones de documentos.





Desde entonces se han efectuado grandes e importantes obras para conservar el edificio como Archivo General. Entre otras estancias valiosas existe una cámara incombustible donde están la mayoría de los documentos.




Las reformas que se hicieron dieron lugar al aspecto que tiene en la actualidad.

La leyenda de las «Siete doncellas»



En el año 783, Mauregato (hijo bastardo de Alfonso I de Asturias) tomó el trono asturiano con la ayuda de Abderramán I, con quien llegó a un acuerdo, si le ayudaba a ser el rey de Asturias , él le pagaría un tributo de cien doncellas cristianas que le entregaría como esclavas.

Llegaron a un acuerdo y el tributo se llevó a cabo durante cinco años, hasta que en el año 788, los Condes Don Arias y Don Oveco, se rebelaron contra el Rey Mauregato y lo mataron como venganza de haber otorgado a los moros semejante tributo.



Le sucedió entonces el rey Bermudo I, quien acabó con el tributo, a cambio de un pago en dinero.

Tras Bermudo tomó el trono Alfonso II, el Casto (791–842), quien rechazó también el tributo en dinero, por lo que los moros enfadados presentaron batalla, aunque la perdieron en la batalla de Lutos al morir su capitán Mugait, con lo que perdieron también su tributo.



Pasado el tiempo, Abderramán II, cuando reinaba el rey Ramiro I, se atrevió a pedir de nuevo el tributo de las cien doncellas.

Este hallándose en una situación de debilidad, y tras reunir a sus consejeros accede de nuevo al pago del tributo.

Con el tributo vigente de nuevo, según cuenta la leyenda, los de Simancas decidieron entregar las siete doncellas que les correspondían, con las manos cortadas.



Se dice que las jóvenes, en un acto de gran valentía, decidieron cortarse las manos para evitar que se las entregara, algo que, según dicen, consiguieron.

Como consecuencia de este hecho los cristianos presentaron batalla a los moros, en la Batalla de Clavijo.



El ejército moro fue vencido, y el tributo de las cien doncellas por fin desapareció, instaurándose como agradecimiento el voto de Santiago.

El día 6 de agosto, se celebra la fiesta patronal del salvador, en la que rememora la historia de las doncellas de Simancas.