Buscador de Castillos

miércoles, 23 de noviembre de 2016

El Castillo de Yeste y Los tesoros de Albacete

Leyendas de Castillos. Leyendas Medievales.


El Castillo de Yeste 

Los tesoros perdidos de Albacete


El Castillo de Yeste




Yeste es un municipio situado al sureste de la península ibérica, en la provincia de Albacete, en Castilla-La Mancha.

En el mismo centro de la población, está situada la antigua fortaleza islámica del siglo XI.



Junto a ella, en la Torre del Homenaje del siglo XIV, hay una puerta de acceso que todavía conserva el escudo en piedra de la Orden de Santiago ya que sirvió de residencia a los comendadores de la Orden durante los siglos XIII al XVI.



En la época medieval, la población se extendía a los pies de la fortaleza, desde el barrio del Infierno hasta la plaza del concejo y la iglesia parroquial, estando todo rodeado de una gran muralla.



En la segunda mitad del siglo XIV fue reformada para reforzar sus elementos defensivos exteriores y la torre del homenaje.

En los primeros años del siglo XVI, el comendador D. Rodrigo Manrique adaptó la fortaleza a formas de vida más cortesanas, dotándola de un patio de armas columnado, con techado de madera y doble galería, con capiteles de estilo gótico y corredores interiores.



Aún se conserva una ventana de estilo gótico situada en el centro de la fortaleza que presidía el salón principal de castillo.

En sus antiguos calabozos, hoy rehabilitados, se encuentra un museo etnológico, que contiene aperos donados por los vecinos de Yeste.



Otras como la vivienda y utensilios tradicionales muestran las costumbres y tradiciones del pueblo de Yeste.
En la actualidad el Castillo de Yeste se encuentra reformado y rehabilitado.



En las Relaciones Topográficas de Felipe II, redactó en 1.595:

«Dizese questa villa de Yeste siendo esta tierra de moros y tierra de tan bravas y altas sierras le puso a esta villa el nombre el diablo porque pasando por aquellos cerros dándole posesión de aquellas tierras y aun de aquella gente que eran moros no le daban la posesión de Yeste y que pasaron sin mirar y que él volvió la cara como se dexaban aquel olvidado, y dixo ¿yeste cómo no se me dá? y que de allí tomó. Esto entiendo se fabula y por tal lo digo».



Los tesoros perdidos de Albacete



La tradición popular cuenta con innumerables historias de tesoros ocultos en toda la península, pero en esta zona en especial, se encontraron numerosas piezas tan interesantes que hasta llegó a oídos de la Corona las noticias de los hallazgos.



Desde 1440 aproximadamente hubo una fiebre por buscar tesoros tanto en el término de Yeste, Alcaraz y Socovos.

En el año 1478, los Reyes Católicos escribieron al prior de Aracena, don Pedro de Alcaraz, ordenándole que averigüase quienes habían encontrado tesoros en estas localidades albaceteñas, pues habían tenido noticias que desde hacía treinta años, se habían descubiertos muchos y numerosos tesoros de oro, plata y monedas que no podían pasar por alto el pago del impuesto del quinto, es decir, una quinta parte sobre el valor del tesoro encontrado se debía pagar a la Hacienda Real.

Unos días después de esta carta los reyes rectificaron y volvieron a escribir a don Pedro de Alcaraz, en esta ocasión, sin duda como reconocimiento a los servicios prestados, le otorgaban facultad para que a lo largo de toda su vida pudiera excavar y buscar tesoros de oro, plata, joyas,  monedas y otras cosas:

“que vos dixeren e supiéredes donde están”
en cualquiera de los lugares ya mencionados, añadiendo la exención del pago del impuesto del quinto sobre los hallazgos.


Pues se sabía aproximadamente donde buscar estos tesoros.
Además se daba por hecho que estos tesoros eran de procedencia árabe, asumiendo que tras varios siglos en España habían acumulado muchas riquezas en oro, plata, joyas, y todo lo relacionado con el esplendor califal, los palacios, las mezquitas, o el exotismo de sus ropas y adornos era imposible que tras su derrota y posterior expulsión de la península, pudieran haberse llevado todas sus pertenencias en su precipitada marcha, por lo que era lógico suponer que se vieron obligados a esconder sus tesoros bajo tierra, en cuevas, pasadizos, cerros, rocas o castillos, para asegurarse de que en un lejano futuro ellos mismos o sus descendientes podrían volver para recuperar las riquezas abandonadas.



Sin embargo, la mayoría de los tesoros que se han encontrado a lo largo de los años son de procedencia romana. De hecho, en esta provincia la mayoría de los hallazgos coinciden con los yacimientos arqueológicos que en la actualidad se siguen excavando.

Muchos topónimos mezclaron su nombre con la orografía del terreno: Cueva de los Moros en Alborea, Fuente de la Mora en Vianos, Cueva del Moro en Ayna, Cueva del Rey Moro en Alpera, Rincón del Moro en Hellín, Cueva de los Moros en Abengibre, donde siempre se ha creído que los moros dejaron un tesoro escondido antes de su partida; la presencia islámica en este municipio es indudable, su nombre, los restos arqueológicos hallados y su emplazamiento todo encaja como lugar de tesoro escondido.

Así nacieron muchas leyendas, historias y tradiciones referentes a tesoros escondidos, que se hicieron muy populares, ya que sus terrenos elevados eran lugares muy propicios para esconderlos. Buenos ejemplos de esto son el Cerro del Tesoro en Madrigueras, la Morra del Tesoro de Barrax o el paraje de El Tesorico en Agramón. 

Tantos rumores corrían que aparecieron los buscadores de tesoros profesionales, pues tenían que pedir una licencia de autorización para poderlos buscar.




No hay pueblo albacetense que no cuente con su fábula sobre tesoros, estos son algunos ejemplos:

El atesoramiento de Yeste.

En 1960 durante una tala de pinos en un lugar indeterminado de Yeste, se encontraron 132 monedas de plata correspondientes a los reinados de Felipe V y Luís I.
El conjunto estaba formado por reales, reales de a dos, de a cuatro y de a ocho.
En esas fechas se encontraba por la zona el Dr. García Guinea finalizando una de sus campañas de excavaciones en el cercano poblado ibérico de El Macalón, quién alertado del hallazgo, tuvo la oportunidad de verlo y fotografiarlo íntegramente, quedando así constancia del mismo.

El autor que dio a conocer este atesoramiento opina que el origen del mismo fue debido a la paciente labor de ahorro de su propietario, fechándose su ocultación alrededor del año 1730, año en el que no se conoce ninguna inestabilidad social en esta zona.

Tesorillo de Madrigueras

En el transcurso de demolición de una vieja casa situada en la calle Horno, nº 16 de Madrigueras, su propietario D. Obdulio Merino Paños halló en el año 1970 envueltas en un paño, sobre el ángulo superior de una puerta, un lote de 43 monedas de oro  pertenecientes a los reinados de Carlos III, Carlos IV, Fernando VII e Isabel II, acuñadas entre 1775 y 1838.

El motivo de esta ocultación  ha sido asociado a la inestabilidad provocada en la zona por la primera guerra carlista.


Tesoro del Chisnar (Bonete)


En el bancal de Las Tinajas situado en la finca de El Chisnar, apareció en 1944 un tesorillo de monedas de plata que al parecer estaban contenidas en un recipiente cerámico, correspondiendo su emisión a la Taifa de Valencia (1054-1057).

Su hallazgo fue debido a las labores agrícolas, y aunque en la actualidad el Museo de Albacete, lugar donde se depositaron, conserva 47 piezas, el número del lote debió ser mucho mayor puesto que se tienen noticias de que el hecho de su aparición originó posteriores búsquedas con la consiguiente dispersión.
El lugar del hallazgo fue durante algún tiempo frontera entre reinos por lo que no es extraña la ocultación.




Tesoro de Abengibre


En el año 1934, mientras se encontraba realizando sus faenas agrícolas, Sebastián Pérez López descubrió a unos cuarenta cm. de profundidad veintidós platos de plata de diferentes tamaños y formas, junto con unas madejas informes de cinta del mismo metal.
Los platos se encontraban en un hueco, separados entre sí por hierbas aromáticas en un paraje conocido como rambla de la Graja, en el Vallejo de las Viñas, a pocos kilómetros del pueblo de Abengibre.

El Oro y El Moro. Bienservida

En Bienservida se cuenta que en la calle de la Torre, hay una casa de la que parte una cueva excavada en la roca, que se comunica con una salida en Cerro Vico. 

A finales del siglo XIX o principios del XX, llegó al pueblo un moro vistiendo exóticas ropas y hablando un supuesto castellano antiguo. 

Llevaba consigo unos pergaminos sobre una cueva en Cerro Vico donde, al parecer, sus antepasados habían enterrado sus tesoros al tener que abandonar el lugar. 

Para recordar el lugar, sus antepasados señalaron el sitio exacto con la plantación de una especie de árbol raro en el pueblo, un saúco. 

Sin embargo, la planta, si es que alguna vez existió, había perecido con el paso del tiempo y el moro, descorazonado, abandonó el lugar, no sin antes sembrar la duda entre los lugareños con esta frase: 

«Si ustedes supieran el oro que hay aquí enterrado, no dudarían en allanar este cerro a espuertas».



Tesorillo de Nerpio

A mediados de 1941 mientras Enrique Gil Romero aterraba una carbonera en un paraje del Cortijo del Espino, en la pedanía de Cañadas (Nerpio), su hijo que le acompañaba ese día removiendo la tierra descubrió seis monedas de plata, hecho que puso en conocimiento de su progenitor quién continuó removiendo la tierra en busca de más monedas hasta descubrir un total de 56 piezas.

Al hacerse público el hecho, otros individuos del pueblo se acercaron al mismo lugar encontrando otras cinco monedas.

El tesorillo completo, lo componían 67 denarios de plata acuñados durante los siglos II y I AC. 

Y se pudo rescatar debido a la rápida intervención de las autoridades locales, que fueron puestas en antecedentes gracias a la labor de Sánchez Jiménez, ingresando de este modo en el Museo de Albacete. 
El posible momento de esta ocultación debió coincidir con la guerra civil desarrollada en Hispania entre las facciones de Sertorio y Sila, en la que se movilizaron gran cantidad de tropas que utilizaron las cercanías de Nerpio en sus traslados entre la Bética y Levante.

Tesoro de Riópar

En Riópar, se descubrieron casualmente en 1923 más de 350 grandes bronces imperiales romanos que presentaban un apreciable estado de conservación y que, según la crónica, abarcaban tipos desde Nerva a Marco Aurelio, aunque este extremo es difícil de precisar, puesto que el hallazgo se dispersó rápidamente, vendiéndose la mayor parte en Madrid, donde años después, la Comisión de Monumentos logró adquirir una pequeña parte del mismo que se conserva en el Museo de Albacete (Sánchez Jiménez, 1953).




En Liétor

En Fuente Albilla, aldea de Liétor, se cuenta otra leyenda sobre un tesoro encontrado por una mula, que mientras abrevaba hundió su pata en el terreno, el agricultor se dio cuenta del hecho, y escarbando, encuentró un puchero lleno de oro.

En Salobre y Villamalea

En la Juncada, finca situada en el término de Villamalea, tuvo lugar en 1972 un hallazgo casual cuando su propietario Germán Pardo Carrasco descubrió junto al pie de un árbol y a unos 60 cm. de profundidad un frasco que contenía 164 monedas de oro  de los reinados de Carlos III, Carlos IV, Fernando VII e Isabel II.

La ocultación se relaciona con la expedición carlista del caudillo Santes, de quien sabemos que el día 8 de enero de 1874 entró en Villamalea, partiendo el día siguiente hacia Madrigueras.

La inestabilidad política arrancó en 1868 cuando estalló la “septembrina” que puso fin al reinado de Isabel II.

En el Ojuelo (Salobre), una aldea ya abandonada, en el cerro de Agudo , a mediados del siglo pasado, un pastor llamado Sabino soñó en repetidas ocasiones con la existencia de un tesoro. 
Como el sueño se volvía a repetir noche tras noche, decidió por fin subir al citado cerro y ponerse a cavar con pico y pala, levantando piedra tras piedra que allí encontraba. 
El tiempo y el esfuerzo dieron su fruto y encontró una orza llena de monedas antiguas. Pero ante su ignorancia, le preguntó al maestro de El Ojuelo por el valor del hallazgo pero éste, más ladino, se ofreció a llevárselas a la capital a un experto para que calculase su valor. 

Según dicen, el maestro no volvió a aparecer por la aldea hasta muchos años después, dueño de una inmensa fortuna.
Esta leyenda se repite también en Villamalea.

Fuentes.-
http://blogdepedrojosejaen.blogspot.com.es
www.latribunadealbacete.es
www.es.wikipedia.org