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miércoles, 7 de diciembre de 2016

Fortaleza de Castelsardo y Los Sardos

Leyendas de Castillos. Leyendas Medievales.



Fortaleza de Castelsardo



La fortaleza de Castelsardo está situada en la isla de Cerdeña, en la provincia de Sassari, Italia, en el centro del mar Mediterráneo, entre Córcega al norte de la que la separa el estrecho de Bonifacio, Italia al este, Túnez al sur, y las islas Baleares al oeste.



Desde sus murallas se domina gran parte de la costa septentrional y la isla de Asinara, llegando incluso a divisarse el sur de Córcega en los días claros.

Su situación facilitó que se eligiera este lugar como sede de antiguas civilizaciones.

En el año 1102, la familia Doria de Génova, construyó el castillo llamado Castelgenovese.

Los habitantes de la zona, se trasladaron poco a poco al interior de la fortaleza, que contaba con un puerto y varios pozos de agua.





Ese fue el nacimiento de la ciudad tal y como la conocemos hoy, un lugar que presenció muchas luchas por la conquista del castillo.

En los siglos XII y XIII, Génova, Pisa y los Estados Pontificios lucharon largo tiempo por imponer su poder en las Juzgadorías. 

A finales del siglo XIII el papa Bonifacio VIII estableció que Cerdeña pasase a la Corona de Aragón, formalizándose la cesión en el año 1324, cuando el entonces infante Alfonso, futuro Alfonso IV, «el Benigno», toma Cerdeña durante los últimos años del reinado de Jaime II.




La fortaleza fue inexpugnable hasta la llegada de las armas modernas.
Alrededor de 1520, el castillo pasó a llamarse Castillo Aragonés, convirtiéndose en sede Episcopal del Obispado de Ampurias.

El dominio de Aragón se prolongó hasta el siglo XVIII, manteniéndose en la isla una organización de tipo feudal.

Tras el tratado de Utrecht, en 1713, Cerdeña se cedió a Austria en el año 1713.
Pero cinco años mas tarde , en 1718, en el Congreso de Londres, pasó a Víctor Amadeo II de Saboya, y a través de la casa de Saboya, se incorporó finalmente al Reino de Italia en el año 1861.



Fue entonces cuando adquirió el nombre de Castelsardo por la voluntad de Carlos Manuel III.

Durante el siglo XIX aún estaban presentes algunas torres de vigilancia, que no fueron reconstruidas después de ser derrumbadas. 
Algunos tramos del camino de ronda se conservan y pueden recorrerse.
Los puntos fortificados pueden verse desde la fortaleza: hacia el Este se encuentra el de Bellavista, hacia el Norte el de Manganelo y hacia el Sur el de Loggetta y el Sperone.

Los muros y toda la estructura están muy bien conservados, pues la lejanía del mar ha evitado su erosión. 

El Castillo acoge el museo del Trenzado Mediterráneo, uno de los museos más importantes de Cerdeña, dedicado a la tradición local del trenzado de cestos y otros útiles de la vida cotidiana.


Los Sardos


Los sardos eran un pueblo del sur de Europa, cuyo asentamiento estaba en Cerdeña.

El nombre aparece por primera vez en la estela de Nora.


 Según la leyenda, Nora fue fundada por un grupo procedente de Tartessos encabezados por Norax, un héroe mitológico hijo de Eritia y el dios Hermes.

Se cree que es la primera ciudad fundada en Cerdeña y en tener asentamientos de los sherden o los nuragas. 

Los fenicios colonizaron la zona en el siglo VIII a. C. En el siglo VI a. C. pasó a ser cartaginesa, siendo la población más grande de la isla. 

Continuó su importancia con la ocupación de los romanos en el 238 a. C. 


Nora llegó a ser la capital de la provincia romana de Sardinia. 
Hoy en día, gran parte de ella aparece sumergida bajo las aguas. 

Entre sus ruinas púnicas podemos encontrar el Templo de Tanit.
Los vestigios romanos son mayoría: mosaicos, villas nobiliarias, las ruinas de las termas y los templos. 

El pequeño teatro que se conserva sirve aún para representaciones.
De acuerdo con el Timeo, uno de los diálogos de Platón, Cerdeña y su gente podrían haber sido nombrados en honor de Sardò (Σαρδώ), una legendaria mujer nacida en Sardis (Σάρδεις), capital del antiguo reino de Lidia. 


Pausanias y Salustio dicen que era un héroe líbico, Sardus Pater ("Padre Sardo") hijo de Hércules, el que dio a la isla su nombre. 

Las casas de las hadas, (domus de janas) se remontan al 2000-1800 a. C., en plena Edad del Bronce.

Se trata de pequeñas tumbas excavadas en la roca, a veces reunidas en grupos numerosos, en la que según la tradición popular moraban hadas y brujas. 




La cultura nurágica, surgió hacia el 1700 a. C. en Cerdeña (en la edad de Bronce media) y se difundió también por Córcega. 
Era un pueblo de guerreros y navegantes, los sardos, que comerciaban con los otros pueblos del Mediterráneo.



Abarcó un período que iba desde la edad del bronce (del 1700 a. C. en adelante) hasta el siglo II, cerca de los albores del Imperio romano.

Debe su nombre a los nuragas, unas torres-fortalezas en las que se aplica el principio de la falsa cúpula, originario del Mediterráneo oriental. 

Los nuragas son los vestigios y el fruto de la evolución de una cultura megalítica preexistente, constructora de dólmenes y menhires.


Las torres nurágicas son consideradas como los monumentos megalíticos más grandes y mejor conservados de Europa. 

Todavía se conservan restos de sus enigmáticos templos de acqua sacra, las tumbas de los gigantes y las particulares estatuillas de bronce.

Durante mucho tiempo su cultura vivió con otras civilizaciones extrañas a la isla, como la fenicia, la púnica y la romana, sin llegar a ser absorbida por ellas.

Se desconoce exactamente cuál era la función de estos monumentos, ya que algunos aseguraban que eran tumbas monumentales, otros fortalezas, hornos para la fusión de metales, prisiones, templos de culto al sol.

En lo que hay un común acuerdo es que se consideran estructuras defensivas que incluyen graneros y silos.

Las tumbas de los gigantes son monumentos funerarios constituidos por sepulturas colectivas de la época nurágica presentes por toda la isla de Cerdeña.



Como los nuragas, estas particulares construcciones megalíticas no tienen ningún equivalente en el continente europeo y son construidos con planta rectangular con un ábside mediante grandes losas de piedra empotradas en tierra.

Estas particulares tumbas consisten esencialmente en una cámara funeraria de entre 5 y 15 metros de largo y entre 1 y 2 metros de alto. 

La parte frontal de la estructura está delimitada por una especie de semicírculo, que simbolizaba los cuernos de un toro, y por una tumba más antigua en el centro del semicírculo con una pequeña abertura por la cual se accedía a la tumba. 

Junto a la abertura se erigía un obelisco (llamado en sardo betile) que probablemente simbolizaba a dioses o a ancestros que velaban por los muertos.

Las tumbas de los gigantes fueron lugares en los que, en la época nurágica, los sardos enterraban a sus muertos. 

Se encontraban lejos del núcleo habitado y podían hospedar entre cien y trescientos fallecidos.



Los miembros de la tribu, clan o aldea, venían a rendir homenaje a los muertos de la comunidad, sin distinción de clases y sin privilegios particulares. 

Probablemente los difuntos eran enterrados cuando su número comenzaba a ser significativo.