Buscador de Castillos

lunes, 16 de enero de 2017

La Fortaleza de Sancti Petri y El Templo de Hércules

Leyendas de Castillos. Leyendas Medievales.


La Fortaleza de Sancti Petri




Es una fortaleza defensiva situada en el islote de Sancti Petri, en el término municipal de San Fernándo, Cádiz, Andalucía, España.

Formaba parte de una línea defensiva de fortificaciones que protegían la entrada del caño de Sancti Petri, un brazo de mar que desemboca frente al islote, junto a las baterías defensivas de la punta del Boquerón (la batería de Urrutia, la batería de San Genís y la batería de Aspiroz), formando un conjunto estratégico muy importante.



La torre-atalaya es la construcción más antigua levantada en 1610, y también la mas alta del conjunto.

Tiene planta cuadrangular y ha sido adaptada como faro en la parte superior.
El resto de la construcción, las murallas y el interior del recinto, datan del siglo XVIII.

Se construyó sobre un templo mucho mas antiguo, el Templo de Hércules Gaditano o de Hércules-Melkart.

En aquella época el islote no existía, estaba situado en la isla principal del archipiélago gaditano, la isla de Kotinoussa, que se extendía hasta la actual Cádiz.



La fortaleza de Sancti Petri ocupa la mayor parte del islote con un trazado irregular, del que tan solo sobresale la torre.





Las murallas se extienden de norte a sur, y están adaptadas en altura y grosor a su función, ya que no estaban pensadas para evitar y resistir un desembarco en el islote, sino para abrir fuego contra naves enemigas.

Su trazado es recto, excepto en la batería que bordea a la torre por la cara este, que forma un semicírculo.
La mayor parte de las dependencias militares, entre ellas la torre, están en la parte septentrional

El objetivo de la atalaya era el avistamiento de barcos piratas berberiscos para prevenir a la población.



La torre-atalaya se asienta sobre una fuerte base trapezoidal con muros de mampostería de varios metros de grosor en su base que permiten sostener la altura de la torre ya que no tiene cimientos y aun resistir los fuertes impactos de artillería.

Los restos de matacanes en los ángulos superiores de la torre, están diseñados para sostener primitivas piezas de artillería tales como bombardas.
Estructuras similares pueden encontrarse en la torre de los Picos en la Alhambra granadina.

La posterior construcción del siglo XVIII incorporó las murallas y el resto del recinto.

El castillo de Sancti Petri se fortifica con el objetivo de evitar un posible desembarco de tropas enemigas, sobre todo británicas, francesas y holandesas en las playas cercanas como la punta del Boquerón, playa de Camposoto y la playa de la Barrosa, y para evitar la penetración de naves a través del caño de Sancti Petri o su avance hacia Cádiz.


Estaba apoyado desde tierra por tres baterías defensivas situadas en la punta del Boquerón (la batería de Urrutia, la batería de San Genís y la batería de Aspiroz) y por otra actualmente desaparecida que estaba situada en el antiguo poblado de Sancti Petri en la orilla de levante del caño y perteneciente al término de San Fernando.

Antiguamente el islote de Sancti Petri estaba unido a la isla de Cádiz por una vía que hoy no existe debido a la acción del mar, aunque todavía quedan vestigios de dicha unión.

De 1810 a 1812 durante la Guerra de la Independencia, fue duramente bombardeado. Durante estos años fue usado ocasionalmente como prisión



En 1918 se instaló en la torre del homenaje un faro eléctrico que, además de servir de baliza al islote, actúa de recalada para la entrada al caño donde se encuentra el puerto deportivo.

Fue declarado Bien de Interés Cultural con la categoría de Monumento en 1949

El castillo se encontraba en un avanzado estado de deterioro, debido en parte a la acción de la naturaleza y en parte al abandono sufrido en las últimas décadas, por lo que se llevó a cabo una ambiciosa rehabilitación.
En este lugar se hallaba el mítico Templo del Hércules Gaditano.




El Templo de Hércules


Los tirios fundaron “Gadeira” y construyeron la primitiva ciudad de Cadiz, en la parte occidental, uno de los asentamientos fenicios más antiguos de occidente.

Ubicaron el templo santuario en su parte mas oriental,




Según los datos de las fuentes clásicas, la expedición que fundó Gadir, allá por el año 1100 a. C., levantó en la parte oriental de la ciudad un santuario, el templo de Hércules o Melkart fenicio, protector de navegantes y comerciantes. Probablemente estaría formado por un conjunto de diversos edificios, y un amplio patio abierto en cuya puerta encontraríamos dos grandes columnas.

Primitivamente, Melkart fue una divinidad fenicia de la ciudad de Tiro, a la que estuvo consagrado en un principio el templo de Heracles en la antigua ciudad de Cádiz.

Su culto, centrado en el fuego sagrado de las ciudades, se extendió por todas las colonias de Tiro.

Originariamente era un dios agrícola, del campo, la vegetación, la fecundidad y la primavera, por lo que su ritual comprendía una serie de ritos de muerte y resurrección cíclicos anuales, coincidentes con las estaciones del año, aunque también era una deidad marina.

Pasó a ser considerado rey de la ciudad, que es el significado etimológico de su nombre (melk, rey), y como patrono de la ciudad de Tiro se transformó también en dios de la colonización y de la protección de la navegación.



Los tirios lo consideraban el guía de sus viajes marítimos y exploraciones, así que le consagraron el templo fundado al mismo tiempo que la ciudad de Cádiz en el otro extremo de la isla mayor, donde hoy se encuentra el islote de Sancti Petri y en el que, según la leyenda, Aníbal hizo el juramento de odio eterno a los romanos antes de marchar hacia Sagunto e iniciar la segunda guerra púnica.

Fue conocido en la antigüedad como el santuario de Heracles o Heracleión.
Los almorávides lo destruyeron en el año 1146, buscando el tesoro, encima del cual construyeron el Castillo de Sancti Petri.

El lugar en donde fue situado el templo inicial en Cádiz, cerca del estrecho de Gibraltar, fomentó la leyenda de la separación de las Columnas de Hércules, en principio llamadas Columnas de Melkart por los fenicios, más tarde Columnas de Heracles por los griegos hasta el actual nombre romano.

Se le atribuía la civilización de las tribus salvajes de las costas lejanas, la fundación de las colonias fenicias y la introducción de la ley y el orden entre los hombres.

En diversos restos arqueológicos, entre los que destacan las monedas, se lo representa a menudo cabalgando en un hipocampo.

En la época tardía de la civilización fenicia, también se lo consideraba el dios del Sol que se encontraba en unión con Baal y Moloch, las fuerzas malignas y benignas del cielo, respectivamente.

Alejaba la hostilidad entre ambos y, por tanto, reducía el efecto del fulgor solar y de los fríos invernales.

Es por ello que en su altar debía haber un fuego perenne.
Cada día seguía a la esquiva Astarté hasta que él la encontraba en un punto remoto de Occidente , lo que trajo la perdición de la diosa que se transformó en la dulce Ashera.

Los griegos lo llamaban Melicertes y lo comparaban con Heracles, por los atributos guerreros que lo caracterizaban.



El templo fue descrito y admirado por Heródoto:

"Y con ánimo de obtener sobre el particular información precisa de quienes podían proporcionármela, navegué también hasta Tiro de Fenicia, al enterarme de que allí había un santuario consagrado a Heracles erigido por los fenicios. 
Lo vi ricamente adornado, y entre muchas otras ofrendas había dos estelas sagradas, una de oro puro y la otra de esmeralda que de noche refulgía extraordinariamente.
Pregunté a los sacerdotes cuánto tiempo hacía que había sido erigido el templo y no coincidían con los griegos, ya que sostenían que el santuario fue levantado durante la fundación de la ciudad y que hacía mil trescientos años que la habitaban. 
Vi también en Tiro un santuario dedicado a Heracles bajo la advocación de Heracles Tasio. 
Fui a la ciudad de Tasos donde hallé un templo de Heracles héroe alzado por los fenicios que zarparon para raptar a Europa y fundaron esta ciudad".

Según Estrabón, los navegantes hacían allí sus ofrendas y sacrificios antes de embarcar, llegando a ser uno de los santuarios más importantes de la Antigüedad.

Su ubicación correspondería con la isla de Sancti Petri y donde según el historiador latino Pomponio Mela, bajo el templo, estaban enterrados los restos de Hércules, de ahí su gran fama.

Además, contenía reliquias tan famosas como el cinturón de Teucro, héroe griego hijo de Telamón, y el árbol de Pigmalión, cuyos frutos se decía que eran esmeraldas.

Las fuentes historiográficas clásicas relatan que muchos personajes célebres, ilustres por sus hazañas o su nobleza, visitaron este templo.



Aníbal arribó a la isla para ofrecer al dios sus votos antes de emprender la conquista de Italia, y Julio César soñó que le predecía el dominio del mundo después de haber llorado ante el busto de Alejandro Magno, por haber cumplido su edad sin haber alcanzado un éxito importante.

Durante la época romana persistió el esplendor del templo, que alcanzó el máximo esplendor en tiempos de Trajano. Comenzó su decadencia en el siglo IV hasta perder su pasada grandeza por completo durante el dominio visigodo.

El santuario sufrió ataques y destrucciones, la acción del mar, su explotación como cantera de piedra ostionera y las sucesivas ocupaciones que sobre él se han ido desarrollando, por lo que ha desaparecido.

Su existencia se constata por los textos griegos y latinos, citados desde el siglo XVI por historiadores y eruditos, por textos árabes y por los importantes restos arqueológicos hallados desde principios del siglo XX, como la estatua de un emperador romano divinizado de gran tamaño en 1905, una estatuilla de bronce de la Fama dirigiendo una cuadriga y una gran estatua toracata de bronce, hallada en Rompetimones en 1925.

Todos ellos se encuentran en el Museo de Cádiz.
Una célebre descripción anónima de al-Ándalus, titulada Dikr bilad al-Andalus (Mención del país de al-Ándalus), hace referencia a la isla, al templo y su destrucción:

En esta isla se halla el monumento llamado Ídolo de Cádiz, situado a la orilla del mar, de gran altura, perfección y belleza.

El Ídolo de Cádiz era una almenara de cien codos de altura, sobre la que aparecía una imagen antropomórfica de maravillosa naturalidad, equilibrio y tamaño; su rostro se volvía hacia occidente, hacia el Océano, y envolvía su cuerpo en un manto.

Este faro constituía para los musulmanes un guía en el mar, pero fue destruido por Maymūn en el año 540 (1145-46), cuando se rebeló en la ciudad de Cádiz.

Según algunos, el Apóstol Santiago desembarcó en la Isla de Sancti Petri para erradicar el culto pagano en el templo y consagrarlo al culto cristiano, consagrándolo a San Pedro, de ahí el nombre actual de Sancti Petri.

Su decadencia comenzó en el siglo IV, perdiendo su pasada grandeza por completo durante el dominio visigodo.

Vestigios de esta época, rescatados de forma accidental de las aguas, pueden contemplarse hoy en día en el Museo de Cádiz.


A partir de este momento empezó a sufrir ataques y destrucciones, la acción del mar, la explotación de canteras de piedra ostionera y sucesivas ocupaciones que sobre él provocaron prácticamente la desaparición del santuario, quedando de él solamente algunos indicios arqueológicos.



Los orígenes del templo se remontan a los tiempos de asentamiento fenicio, pueblo que construyó un templo en honor a Melkart. Se continuó tributando culto a dicho dios durante la dominación cartaginesa, pero durante la presencia romana se tributó culto a Hércules.

En el siglo I a. C. Estrabón refiere en su Geografía que los tiritos fundaron Gadeira, alzando un santuario a Hércules, en la parte oriental de la isla y la ciudad en la parte occidental. Se decía que el templo había sido fundado en tiempos de la guerra de Troya a comienzos del siglo XII a. C.



El santuario probablemente sería un conjunto de edificaciones donde habría un edificio principal y un patio al que se accedía por una puerta flanqueada por dos grandes columnas.

Según narra Silio Itálico en el siglo I a. C., en el frontispicio aparecían los doce trabajos de Hércules labrados en bronce.
No existía ninguna imagen del dios en el interior del recinto.
Asimismo hace referencia al hecho de que los sacrificios humanos estaban prohibidos y a que en su altar ardía un fuego perpetuo, cuidado por la incesante vigilancia de sus sacerdotes.
Según Estrabón, en las columnas de la entrada los navegantes hacían sus sacrificios.
Abundaban en el santuario los altares de bronce con escenas de la vida de Hércules donde ardía el fuego. Además eran famosos los dos pozos de agua dulce que tenían un régimen de crecidas inverso al de las mareas.