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lunes, 6 de febrero de 2017

Castillo de Jimena de la Frontera y El Brazalete Mágico

Leyendas de Castillos. Leyendas Medievales.


El Castillo de Jimena de la Frontera



Jimena de la Frontera está situada dentro del Parque Natural de los Alcornocales, en la comarca del Campo de Gibraltar, en la provincia de Cádiz, Andalucía, España.



El Castillo de Jimena de la Frontera se construyó estratégicamente sobre el Cerro de San Cristóbal,  un lugar ocupado desde la prehistoria como demuestran las cuevas de arte rupestre cercanas al castillo, y por el que han pasado los tartésicos, bástulos, turdetanos, fenicios, romanos, musulmanes y cristianos, dejando todos ellos la huella de su pasado.


Entre los siglos V-VIII, la zona fue adquiriendo un carácter defensivo y de control de paso, por lo que se creó una guarnición bizantina, especulándose que el doble amurallamiento y la cimentación de la torre del homenaje es de origen romano-bizantino.

En el año 711, cuando Musa desembarcó en el Estrecho de Gibraltar, avanzó hacia el interior y, aunque no hay datos precisos, se cree que  el territorio de Jimena pasó a manos musulmanas.
Ya en 1059 el territorio de Jimena dependía  del Reino Taifa de Sevilla.



A finales del siglo XII el castillo sufrió  importantes reformas bajo el dominio almohade, cuando se  transformó  la torre del homenaje, la torre albarrana, la puerta de acceso y se añadieron nuevos aljibes, convirtiéndose en un importante punto estratégico. 

Existe un texto escrito, del año 1293 en el que se menciona como el sultán merinita Abu Yacub le entregó  al rey nazarí de Granada una serie de territorios entre los que se menciona XEMINA, una población con un papel determinante en las conquistas castellanas.

Durante el siglo XV, Jimena de la Frontera fue pasando de manos cristianas a manos musulmanas en varias ocasiones, hasta que en 1456 fue reconquistada por los cristianos definitivamente.




Posteriormente y tras años de abandono, la población volvió a ocupar la ladera Norte del promontorio. 
En el año 1811 la fortaleza fue acondicionada y reformada durante la Guerra de la Independencia.

Durante el siglo XIX, el Castillo fue transformado y aprovechado prácticamente en su totalidad. 
La ciudad antigua desapareció aunque se conservaron las estructuras de carácter militar y los sistemas de aprovisionamiento de agua, como las cisternas romanas y los aljibes, distribuidos por todo el perímetro amurallado para abastecer a los habitantes de la ciudad. 

Los  lados de estos aljibes estaban revestidos de argamasa, y el suelo cubierto con ladrillos. 

Están cubiertos por un techo formado por cinco bóvedas de cañón construidas sobre cuatro filas de dos arcos y pilares construidos con ladrillo.




La Torre Albarrana también conocida como “La torre del reloj” por albergar un reloj a principios del siglo XX, está situada en la parte más alejada del muro, a la que se accede atravesando el  camino de ronda situado encima del arco de entrada, procedente del interior del recinto.

Su muralla está decorada  con motivos geométricos formando estrellas de seis puntas en color blanco y rojo. 



Contenía las habitaciones del alcaide y los soldados que llegaban a actuar como verdaderas fortalezas independientes, capaces de seguir defendiéndose aún después de que el castillo hubiera sido tomado por el enemigo. Estaba unida a todo el conjunto amurallado, formado por un total de 14 torres que se distribuían por todo el cerro.

Se construyó  entre los siglos XII y XIV sobre un antiguo bastión romano del siglo I d.C.
Tiene una base maciza de sillares tallados en piedra caliza y es de planta cuadrada.

Su parte más alta, está cubierta por una bóveda de cañón que forma en su parte superior el suelo de ladrillo de la habitación.




Según numerosas evidencias arqueológicas, aquí estaba situada la antigua ciudad de Oba, en la ladera occidental.

Se han hallado restos  de un templo romano datado en el siglo I a.C. levantado en la ladera occidental del conjunto monumental donde se localiza una puerta de lo que fue la ciudad de Oba, levantada entre los siglos III-IV d.C. sobre una anterior del siglo I de un solo vano, cuyo acceso de hacía en forma recta tras superar la gran pendiente desde el río. 

Construida sobre el nivel geológico, se ve reflejada la importancia que tuvo el recinto amurallado ya desde época romana. 



El primer foso pudo haberse construido entre los siglos XIII-XIV , al igual que los aljibes.
El acceso al alcázar, se realizaba por un puente retráctil que se desplegaba para salvaguardar el desnivel geológico de la explanada con respecto al interior del recinto. 

Ya en el XVI, este acceso es alterado y se construye un nuevo puente, esta vez de forma estática formando una pasarela de piedra caliza y arenisca, cuya parte superior albergaba un pavimento que facilitaría el acceso al recinto de la alcazaba. 

En el centro del denominado Alcázar, se encuentra la torre del homenaje,  la torre mejor fortificada y más emblemática situada en el último reducto de resistencia que poseía la fortaleza. 



Construida en planta circular, y sobre una más antigua de época romana de planta poligonal de menores dimensiones, tiene dos estancias abovedadas en su interior .
 El alcázar, reformado en época cristiana, conserva los fosos, cortinas y bastiones defensivos que, al igual que la torre albarrana la hacen una fortaleza totalmente independiente del resto de la ciudad.

El Baño de la Reina Mora, está situado en la ladera occidental del Cerro de San Cristóbal, a escasos metros del recinto fortificado del conjunto monumental.
 Su nomenclatura viene dada por la antigua creencia de que en la pileta tallada sobre la misma roca arenisca se solía bañar una reina mora.

Fue declarado Monumento Nacional en el año 1931.


El Brazalete Mágico de la Reina Mora


Dicen que en las noches de luna llena, se aparece una bellísima joven lujosamente vestida con   velos  y lujosas joyas por la ladera occidental del cerro.

Según cuentan viejas crónicas, durante la reconquista, vivía en el castillo una hermosísima reina mora que tenía por costumbre bajar a bañarse a una pequeña alberca  cercana al castillo.

 Una noche de luna llena, fue sorprendida por las huestes  cristianas escondidas cerca del castillo preparadas para el asalto.
Cuando la vieron quisieron atraparla para hacerla prisionera.

Pero la reina llevaba consigo un brazalete mágico que al girarlo, tenía la facultad de hacerla desaparecer , trasladándola instantáneamente al mundo de los genios.




La mala fortuna hizo que con el nerviosismo del inminente peligro y la rapidez con la que realizó el movimiento , el brazalete cayera de su muñeca , deslizándose de su brazo y cayendo al suelo,  impidiendo así su regreso a este mundo, por lo que quedó  atrapada y encantada por milenios.

El hechizo solo puede romperse si encontrara  la joya en una noche de luna llena.
Desde entonces, dicen que la mora busca sin cesar su brazalete, siempre en las noches de luna, cuando el brazalete adquiere sus poderes mágicos y es fácilmente visible por el extraño brillo que emite.


Fuentes:
www.jimenadelafrontera.es